top of page

Aquí estoy, y te amo

  • Foto del escritor: CILAC
    CILAC
  • 14 feb 2020
  • 6 Min. de lectura

¿Qué?... ¿¿¿Religiosa yo???.... ¡Claro que no!... Con esas palabras dio inicio mi vocación. Recuerdo que estaba en el grupo ANAWIM, era el grupo juvenil de la parroquia de mi pueblo, Tenango del Valle, en el Estado de México. Éramos alrededor de 30 jóvenes los que nos reuníamos a preparar eventos, a llevar juguetes a las comunidades pobres, a ayudar al Sr. Cura en todo lo que nos pidiera. De este grupo, éramos 5 amigas que andábamos en todo, Araceli, Hortensia, Silvia, Perla y yo.


En una tarde, cuando estábamos en la parroquia, Hortensia, me hizo esa pregunta, pues se la acababa de hacer a Araceli, y fue algo como increíble, de pronto parecía como si el aire se detuviera, los pájaros se quedaran suspendidos en el cielo, ni un solo ruido se oyera; sólo resonaba en mis oídos: “religiosa… religiosa…” pero no, eso no era para mí.


Gracias a Dios en mi casa siempre fuimos muy practicantes, mi papá tenía una estudiantina y a veces desde el viernes, sábado y domingo, íbamos a misas de XV años, bodas, presentaciones, así que no puedo decir que no asistíamos a misa, a los rosarios y a todo lo que tuviera que ver con la expresión de la fe. Mis abuelitos tanto maternos como paternos también eran muy practicantes, y en especial mi abuelito Juan López me enseñó a amar a Jesús, a su divino corazón; él no lo sabe, pero cada mes de enero en la fiesta del pueblo él cantaba en la procesión y las letanías del Sagrado Corazón con una voz, con un amor únicos; desde ese momento sabía que Jesús era alguien muy, pero muy especial, para mí.


Así, inquieta como soy, entré al grupo Anawim, el cual tenía como objetivo principal, el poner la obra musical de “José el Soñador”. Pa pronto, si de actuar, bailar y cantar se trataba, yo me apuntaba. El Padre Gonzalo (+) fue el que nos hizo conocer y amar la oración, pues después de un tiempo nos enseñó que nada en la vida valía la pena si no era por amor a Dios… a Él también le debo mi vocación, Dios lo recompense. Cuando Él se fue de mi pueblo, sufrimos mucho, pero Jesús se quedaba, así que seguimos dando el servicio en el grupo juvenil.


Mi vida transcurrió como la de cualquier joven de mi edad, momentos muy hermosos de familia, fiestas, bailes, diversión con mis amigos; mi trabajo en un jardín de niños era lo que más amaba, estando con ellos me transformaba, jugábamos, aprendíamos y nos divertíamos mucho; sin embargo, después de esa pregunta de mi amiga mi vida ya no fue igual… sentía que algo me faltaba; cuando llegaba de mi trabajo, me sentía hueca… al volver de las fiestas, y sentarme a desmaquillarme, siempre pensaba: “no puede ser que sólo mientras estoy bailando, o cantando o con mis amigos sea feliz… debe haber algo que me dé la felicidad plena, algo que no haga que se acabe… ¿pero qué será?”… en esos pensamientos me podía tardar mucho tiempo… hasta que un día me decidí ir con mi padre, el Pbro. Eulogio Sánchez (+) el actual párroco, con el que tenía mucha comunicación, y al exponerle mi sentir, sonrió y me dijo: “creo que ya sé lo que te pasa… Dios te está llamando”… “¿cómo?... ¿a dónde?...¿por qué a mí?...” y después de una larga plática me dio un directorio inmenso con direcciones de religiosas, para buscar el “dónde”, así que muy decidida, me fui a buscar mi lugar en el mundo.


No fue nada fácil, pues llegué a casa e iba haciendo mis rutas para visitar los conventos, pero no tuve mucha suerte, ya que llegaba y les decía: “Hola, buen día soy Anilú y vengo porque voy a ser religiosa, ¿me puedo quedar?” claro que me veían bastante admiradas y con un poco de rareza, solo conseguía que me dieran muchos trípticos y fechas de jornadas, salía un poco cabizbaja, pues pensaba este no es mi lugar. Así me la pasé algún tiempo, hasta que mis amigas Hortensia y Araceli me llevaron a ver otras monjitas con las que ellas querían ingresar. ¡Oh sorpresa!, nos recibió una hermana mayor, vestida de negro, y con una cara un poco molesta y una voz no muy agradable… Pensé: “si esto es ser religiosa, mejor no quiero”, así que lo dejé por un poco de tiempo, pero los planes de Dios no son los nuestros; el Padre Eulogio se fue a ejercicios espirituales con los padres de la Diócesis de Toluca, nada más y nada menos que a Cuernavaca, a la Casa de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, así que cuando regresó me mandó llamar y me dijo: “Anilú, tengo la congregación que te va a encantar y sé que ese es tu lugar”; me dio una revista, un folleto y un papelito con la fecha de la jornada DICIEMBRE DE 1997… Así que allá fuimos las cinco alegres comadres, y fue una experiencia verdaderamente hermosa; desde que nos abrieron la puerta y ver la sonrisa de las hermanas, su canto, la alegría, sentí que ése era mi lugar. Así trascurrieron los días de la jornada y yo verdaderamente me sentía en casa, llegó el momento de irnos, y sentía que no podía dejarlo, pero tenía que volver; al regresar le conté al Padre todo y él dijo “Adelante”.


En febrero llamé por teléfono para ir a convivir unos… seis meses… de lo que las hermanas se rieron y me dijeron que eso era mucho tiempo, pero que quince días sí podía ir, así que ni tarda ni perezosa, me fui a convivir. Los días eran hermosos, me sentía ya una de ellas, gozaba los momentos de adoración, la actividad del comedor familiar, la adoración nocturna… eso era lo que buscaba, la felicidad total. Cuando llegó el día de partir, no queriendo, no queriendo, hice mis cuestionarios y mi carta de solicitud; iba feliz, ya nada me importaba, había encontrado el amor, había encontrado mi lugar, lo había encontrado a Él.

Llegué a casa, y solo esperaba con ansias el momento en que me llegara la carta para mi ingreso, pero pasaron un mes, dos meses, tres, cuatro y cinco meses y yo sin saber nada… así que un jueves Eucarístico, ya resuelta a tomar una decisión sobre mi vida, me fui al templo donde estaba Jesús expuesto, me arrodillé con el alma apachurrada, tomé mi Biblia y dije: “voy a ver qué me dice el Señor”… abrí la Biblia y me salió el pasaje de la Anunciación… “¡Wow!”, pensé, María pronta te respondió FIAT, no titubeó, pero yo…, así que me armé de valor, cerré mi Biblia y le dije a Jesús: “Mira Señor, ¡ya me cansé! y no puedo seguir así… Vamos a hacer un trato: te doy ocho días, para que lo resolvamos; si en estos ocho días mi papá me consigue el trabajo que quiere, sabré que viene de Ti y que me quieres para el mundo y me olvido de la vocación religiosa,… pero si viene una religiosa, la que sea, y me dice que ingrese con ellas, sé que viene de Ti y que ese es mi lugar… ¿trato hecho?... ¡muy bien!”. Salí del templo confiada en que algo hermoso sucedería en estos ocho días, pero esa misma tarde eran como las 4 cuando sonó el timbre de casa y mi hermanita fue a abrir, entró al comedor y me dijo: “Te busca una monjita”; pensé que era una de las de ahí del pueblo que quería algo, pero ella me dijo: “no, es una Misionera Clarisa”… ¡¡¡¿Qué?!!!!, una Misionera Clarisa en mi casa, claro que no… me fui hacia la sala y - ¡¡SORPRESA!! - era una Misionera Clarisa que estaba de visita con sus papás y le encomendaron pasar a verme; yo no lo podía creer, estaba como tiesa. Ella hablaba, se reía - iba con su mamá y sus hermanitas gemelas - y yo no me movía. Cuando me preguntó: “¿ya estás lista?”... “mande” … “si ya estás lista” … “¿para qué?” ... “para tu ingreso” … “¿¿¿Cómo???”. “Sí, ¿no te ha llegado tu carta?”... “Carta, ¿cuál carta?”... y dijo: “Ups… creo que me adelanté, es que fuiste aceptada, vas a ingresar el 15 de agosto en la casa Madre, en Cuernavaca” … “¿¿¿Qué???”... Sólo recuerdo que saltaba y saltaba de alegría… ellas se fueron y entré corriendo a la cocina y le dije a mi mamá: “Ma´, ya me voy, seré Misionera” ... A lo lejos oí su voz que me dijo: “estas loquita mija” … Me fui a la Parroquia; al llegar y ver a Jesús Eucaristía, sólo lágrimas corrían por mis ojos, y sólo le pude decir: “Jesús mío, no esperaste a que el día terminara sin que me mostraras cuál era tu voluntad, aquí estoy… y te amo”.


Han trascurrido 22 años desde que dije “¡Sí!”, muchas bendiciones, grandes lecciones, entrega, generosidad, caídas, enfermedades, pero siempre con la convicción de que es Él el que me sostiene, soy su amada y no me dará nada que no pueda soportar. Cada día le agradezco el estar en su presencia, en su casa, le agradezco el apoyo de mis padres, mis hermanos y de todas y cada una de mis hermanas, por mi congregación, porque Él sabía cuál era mi lugar; y aunque mi papá decía que a los tres meses me correrían por tremenda, sé que de lo terco y lo débil se vale Dios para manifestar su gloria y mientras Él me dé la vida seguiré respondiendo “Aquí estoy Jesús, y te amo”… todo a precio de cielo, con Él y para Él hasta el final.





H. Anilú López García MC

Comments


bottom of page