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Desde la misión de Rusia

  • Foto del escritor: CILAC
    CILAC
  • 10 oct 2022
  • 4 Min. de lectura

Reciban un saludo, soy la Hna. Laura Solís Ortiz, Misionera Clarisa del Santísimo Sacramento, les comparto la gracia tan especial que Dios me ha concedido en la misión de Rusia.


Primeramente, quiero decirles que nuestra fundadora, la Beata Madre María Inés del Santísimo Sacramento, tenía el deseo inmenso de estar presente en esta nación lejana y que las personas conocieran a Dios.


Fue en 1994 cuando se abrieron las puertas al catolicismo. Desafortunadamente ella ya no pudo pisar estas tierras debido a que el Señor se la llevó a la Casa Paterna en 1981, pero su sueño lo hicieron realidad sus hijas por el deseo expresado en sus escritos. A lo largo de este tiempo han estado hermanas de diferentes nacionalidades, entre ellas, su servidora. Actualmente tenemos dos casas: la primera en Saratov desde 1994 y la segunda en Pyatigorsk, al sur de Rusia en el 2007.


Hace quince años llegué a Saratov sin conocer la lengua, pero con ganas de aprender y conocer su cultura, sobre todo que conocieran a Jesús y a María de Guadalupe, como lo quería nuestra Madre Fundadora la Beata Madre María Inés del Santísimo Sacramento.


Nuestra misión es la Pastoral Parroquial: asistencia en Catedral, sacristía, catequesis para niños, jóvenes, adultos y catecúmenos (preparación para los sacramentos), visita a los enfermos, asistencia a las comunidades filiales, también recibimos a grupos de estudiantes en Catedral los cuales la visitan para conocer más sobre la Iglesia católica, esto se viene realizando en los últimos 3 años debido a que está dentro del programa escolar, etc.




Al inicio es difícil comunicarse con las personas debido a que no sabes la lengua, sin embargo, el deseo de dar a conocer a Dios te da fortaleza y paciencia para aprenderla. Además, tenemos un invierno largo y frío que a veces llega a bajar a -30, el cuerpo se tiene que ir adaptando poco a poco y aunque parezca chusco también a vestirte ya que cargas un par de kilos más.


Una de las experiencias que me dejó huella al inicio fue la visita a un enfermo, era un profesor de la Universidad de Saratov que tenía parálisis y esto no le permitía caminar, al llegar ahí nos dijo con una sonrisa en sus labios: “Que grande es Dios porque me manifiesta su amor al enviarlos a ustedes, la Iglesia nunca me deja y eso me da fortaleza”. Al escucharlo me quedé sin palabras ya que tenía una fortaleza y actitud de gratitud hacia Dios y a la Iglesia. Y me ayudó a ver de otra manera las cosas que me estaban costando para adaptarme al nuevo lugar.




Asimismo, recuerdo otro momento cuando nos encontrábamos regando las plantas del jardín de la Catedral, se acercó una pequeña de unos cuatro años con su mamá y quería entrar, claro que su ella le decía que no porque tenían que seguir su camino, pero la niña insistió de tal manera que a la mamá no le quedó más que entrar y esa niña el día de hoy es una joven que se hizo católica y no sólo ella sino sus papás también, incluso se casaron por la Iglesia. Son testimonios que nos muestran que cuando una persona abre su corazón al llamado de Dios puede haber un giro total en tu vida. Cuando somos testigos de estos casos nos ponemos de rodillas ante nuestro Padre, porque él hace maravillas en cada corazón. Momentos en los que también agradecemos el haber nacido en una cuna católica en donde recibimos la fe desde el seno familiar sin haber hecho nada de nuestra parte.


Dios me ha concedido trabajar más de cerca con los niños y los enfermos, de ambos he aprendido muchísimo sobre todo de los niños aprendí a hablar ya que me corregían constantemente, de los ancianos su fe y la fortaleza que tienen para aceptar la enfermedad como una gracia para llegar al encuentro definitivo con Dios.


A pesar de que somos minoría los católicos nunca me he sentido sola. Recuerdo que antes de ser enviada a esta misión me dijo mi superiora general estas palabras: “No olvides nunca que Jesús está esperándote allá”. Estas palabras las tengo presentes ya que aquí somos pocos católicos y a veces el ver que unos llegan y se van de la Iglesia es doloroso por su fe frágil. Pero Dios tiene su tiempo y recordemos que somos instrumentos en sus manos. Ustedes también son misioneros desde donde se encuentran, pidiendo por sus padres, compañeros de escuela, haciendo cada cosa con amor y ofreciéndola por la salvación de las almas. Nos encomendamos a sus oraciones y recuerden que aquí también pedimos por ustedes. Saludos de cada una de los niños y jóvenes que tenemos en el catecismo y que la Virgen de Guadalupe los ayude a ser buenos hijos, hermanos y compañeros en la escuela y demás grupos a los que pertenezcan.




“TODO POR JESUS, MARIA Y LAS ALMAS”


Unidos en oración en este mes de las misiones, con cariño y un abrazo para todos.


Hna. Laura Solís Ortiz M.C.

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