Biblioteca en casa: la herencia más valiosa
- CILAC
- 17 abr 2023
- 5 Min. de lectura
¿Importa lo que leemos? ¿No se trata de dejar volar la imaginación nada más? Me preguntaron hace poco al mismo tiempo que cuestionaban mi selección de lecturas. Después de darme un espacio de segundos para pensar sobre lo que iba a responder, dije:
En un mundo en el que se invierte tanto tiempo en el supermercado para elegir determinado tipo de aceite, pan, leche etc., para alimentar nuestro cuerpo, ¿aún cuestionamos lo que le metemos a nuestra mente y pensamientos? ¿Importa lo que comemos? ¿No se trata de “llenar el tanque” y ya?
No me respondieron nada, pero pudieron decirme que no se trataba de lo mismo ya que nuestra salud física depende en gran parte de lo que comemos, sin embargo no solo somos cuerpo. Nuestro ser se constituye de mente y espíritu. ¿Cómo se mantienen sanos estos dos si no es con leche deslactosada, aceite de oliva y productos libres de gluten?
Numerosos estudios han demostrado que nuestro entorno social influye en nuestras ideas o manera de percibir el mundo. Mucha de la literatura a través del tiempo ha formado parte de ese entorno que sirve para reforzar o invalidar una ideología. De manera sagaz o creativa sin darnos cuenta vamos adoptando todo aquello que se plasma en letras así como lo que vemos en televisión.
Muchas personas afirman que se trata de lo contrario: los medios impresos, digitales o audiovisuales son un reflejo de la sociedad. Discutir sobre la influencia de la sociedad en los medios o viceversa es parecido a debatir sobre el huevo y la gallina. Con base en mi experiencia, trabajando con medios de comunicación, puedo afirmar que el objetivo principal de estos no es informar sino influir en la opinión de los demás. Se crean los contenidos para transmitir la cosmovisión del autor en el caso de las obras literarias, o del productor creativo, showrunner o director de los contenidos audiovisuales. Sabiendo esto, ¿podríamos seguir argumentado que nada tiene que ver lo que consumimos con nuestro pensamiento?
Dejando un poco de lado el tema de los contendidos audiovisuales (T.V, internet, radio), me centraré en la importancia de elegir las lecturas adecuadas para formar una biblioteca en casa, para después elegir un estilo o temática.
¿Por qué es importante “pulir” nuestro gusto por la lectura?
Muchas pueden ser las razones: el estudio y profesionalización de nuestros intereses o talentos, la defensa de una idea, ejercitar la memoria e imaginación, realizar un descanso activo, conservar la cultura, difundir el arte y transmitir los valores pilares de la sociedad.
Existe una gran diferencia entre leer una novela que se hace viral en Wattpad y una obra de Cervantes, Alighieri, Dickens, Dostoyevski o Jane Austen: los escritores de los grandes éxitos comerciales de años atrás tenían tiempo para pensar, para estar en silencio, para contemplar. Gran parte de esos “escritores” que gustan de aportar historias recicladas, mal redactadas y con gran carga erótica, invierten demasiado tiempo en el consumo de datos.
Sus ideas no son resultado de una introspección o reflexión, son el resultado de la influencia de los grandes medios de comunicación, resultado en más influencia para quienes no se toman tampoco el tiempo de escribir y solo reciben y aceptan lo que está al alcance.
Grandes y numerosas son las razones para formar en casa una biblioteca bien pensada, amplia y estructurada.
Numerosos son los libros, autores y temáticas. Según Gabriel Zaid, autor de Los demasiados libros, a principios del siglo XIX se publicaron un millón de libros con tirajes de miles de ejemplares, predominando los autores que publican solo para su currículo. En otro extremo se encuentran los que escriben para educar, informar o divertir: para ganar dinero, y por otro lado los clásicos que continúan reimprimiéndose.
La constante publicación de diversos títulos hace que muchos valiosos pierdan foco, quedándonos como opciones los bestsellers de la modernidad. Esto hace que parezca que no tenemos muchas opciones, sin embargo la búsqueda de los libros que formarán parte de nuestros anaqueles puede ser toda una aventura. Similar a esa sensación de juntar estampitas para un álbum en nuestros años de infancia.
Gabriel Zaid nos deja una nota importante: “La personalidad única de cada lector florece en la diversidad y se refleja en su biblioteca personal: su genoma intelectual”.
Puede parecernos ruidosa la vacuidad de los bestsellers del momento contra la delicada selección entre temas diversos que nos ayuden a formarnos, a desarrollarnos y a entretenernos. No está peleado lo uno con lo otro. Nuestra responsabilidad como adultos es heredar una especie de capital para la cultura, reflejo de una inteligencia lectora, que resulte en conversaciones significativas, aumento de intelecto, criterio propio y determinante a partir de la exploración y análisis de ideas.
Una de las líneas que invade mi librero es la vida y obra de escritores cristianos o conversos al cristianismo. Tal vez ha sido la necesidad de ser contracorriente e ir desenterrando los escritos de autores que casi no tienen cabida en la enseñanza de la mayoría de los catedráticos. He encontrado una especie de amistad en el legado de grandes autores como G.K Chesterton, J.R.R Tolkien, C.S Lewis, Giovanni Papini, Georges Bernanos, Charles Peguy entre muchos otros que fueron una mezcla de intelecto y pasión por Jesucristo: de fe y razón.
Sus obras son difíciles de encontrar en cualquier librería, se han dejado de imprimir para dar paso literatura que ensalza el relativismo moral y sirve como mero distractor sin una propuesta filosófica u objetiva. No es novedad que existan obras así, desde hace muchos años una parte de todo lo que se escribe tiene el mismo objetivo posicionado en diferentes épocas. Tal es el caso de la autora Colette y su legado más conocido: Gigi.
Mi propuesta para los padres de familia o tutores que busquen armar una biblioteca en casa nutritiva sería:
Buscar y localizar editoriales menos comerciales o constituidas bajo una moralidad católica
Retomar la lectura de legado de Santos. Algunos ejemplos: Confesiones de San Agustín de Hipona, las moradas de Santa Teresa de Jesús, ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, etc.
Formar un espacio en nuestro librero para temáticas de psicología, desarrollo personal, historia y filosofía, permitiendo que se lean diferentes puntos de vista y acompañando a jóvenes y pequeños en su lectura a fin de ser una guía ante preguntas y respuestas. Antes de comprar un libro, investigar sobre la vida del autor para conocer la cosmovisión de este y discernir sobre las ideas que expone
Para momentos de descanso activo se recomiendan novelas o cuentos de ficción de autores como: Fiódor Dostoyevski, J.R.R Tolkien, C.S Lewis, Jane Austen, Antoine de Saint Exupéry, Tolstoi, G.K Chesterton, Natalia Sanmartin Fenollera. En el caso de los niños, es recomendable avivar la imaginación con cuentos de aventuras y fantasía siempre y cuando se les explique la diferencia entre lo real y lo no real. Lo compatible con la fe católica y lo incompatible utilizado como una figura retórica.
Alimentar una biblioteca de autores católicos o conversos. Estos serán una excelente herramienta como defensa de fe y razón.
Mauricio Sanders en su última obra Toma y lee nos cuenta que hay más de 300 escritores cristianos quienes publicaron sus obras entre la erección del Papa León XIII y el año 2020. Nos incita a encontrar a esos cristianos que han ganado un lugar en el “ágora” para juntarlos en listas y decir a los demás: “Mira. Todos estos artistas creían en el Padre, el Hijo y el Espírito Santo”.
Actualmente y a pesar de tantos esfuerzos de editoriales católicas, el mundo sigue nublado por el prejuicio en contra de la raíz de nuestra cultura occidental. Ha llegado el momento de retribuir a esa perseverancia y comenzar a compartir que numerosos clásicos contemporáneos son cristianos y son ellos quienes han dado gran congruencia a la enorme biblioteca de los demasiados libros.
Karla Valeria Galván
IG: @santos.and.people
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