Mensaje Graduación Secundaria 2023
- H. Liz Mendoza MC
- 11 jul 2023
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 13 jul 2023
Buenos días queridos padres de familia, queridos alumnos:
Hoy llega un día importante para ustedes, culminan su educación básica, una etapa llena de cambios, además de ser una generación a la que le tocaron clases en línea, híbridas y volver a vivir una nueva normalidad, un tiempo lleno de retos.
En estos días hemos visto sus lágrimas de despedidas, la ansiedad al iniciar algo nuevo, los miedos y los sueños. Después de un gran susto en su examen de admisión la mayoría ya saben su próximo destino.
Fue un placer haber compartido con ustedes algunas clases de historia con la Mtra. Janeth hablando sobre ideologías, diálogo y literatura. Como es mi costumbre, hoy compartiré con ustedes el fragmento de un libro, pero esta vez no es una historia, son palabras de un libro que se me metió muy dentro, “Cartas a un joven poeta”. Estas cartas fueron escritas por el poeta Rainer Maria Rilke al joven Franz Xaver Kappus, quien pedía su consejo para iniciarse en el arte de escribir. Creo que todos deberíamos leer este libro al menos una vez en la vida, aunque no pretendamos dedicarnos a escribir poesía.
Rilke nació en Praga, en 1875. Fue criado por un padre embebido en sueños rotos y una madre que lo vestía de niña porque no podía superar la muerte de su primogénita. No tardaron en divorciarse, y ella se fue. Más tarde, su padre lo envió a una escuela militar. Cinco años que para el joven Rilke fueron un abecedario de horrores. (…) Solía decir que la patria de un hombre es su infancia, lo curioso es que la infancia de Rilke no fue feliz. En este punto, su brutal honestidad la convertía en una cruz de carga. Sus “Cartas a un joven poeta” aconsejan servirse de todo lo que dé la vida, ya tristeza, ya felicidad. (Martin B. Campos)
Estas cartas, durante más de veinte años tuvieron un único lector. Publicadas en 1929, tres años después de la muerte de Rilke, han sido leídas y releídas por centenares de miles de lectores. Su título debería ser, quizá, Cartas al aprendiz de hombre, porque tal es su tema: ¿cómo llegar a ser lo que estamos llamados a ser?
Paso a leer un fragmento de la primera carta:
Pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Antes lo ha preguntado a otros. Los envía a revistas. Los compara con otros poemas, se inquieta cuando ciertas editoriales rechazan sus intentos. Ahora (ya que me ha autorizado a aconsejarle), ahora le pido que deje todo esto. Usted mira hacia fuera y precisamente esto, en este momento, no le es lícito. Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo hay un medio. Entre en sí mismo. Investigue el fundamento de lo que usted llama escribir; compruebe si está enraizado en lo más profundo de su corazón; confiésese a sí mismo si se moriría en el caso de que se le impidiera escribir. Sobre todo, pregúntese en la hora más callada de su noche: ¿Debo escribir? Excave en sí mismo en busca de una respuesta que venga de lo profundo. Y si de allí recibiera una respuesta afirmativa, si le fuera permitido responder a esta seria pregunta con un fuerte y sencillo «debo», construya su vida en función de tal necesidad; su vida, incluso en las horas más indiferentes e insignificantes, ha de ser un signo y un testimonio de ese impulso. Después, aproxímese a la naturaleza e intente decir como el primer hombre qué ve y experimenta, qué ama y pierde.
El día de la kermés, día que presentaron su examen para la prepa, tuve la oportunidad de hablar con varios de ustedes, escuchar sus miedos, sus ansiedades, la posibilidad de decepcionar a sus padres. Pude tocar las expectativas que pesan sobre ustedes y que ustedes han asumido. A algunos tuve la oportunidad de decirles mi punto de vista: no estudien para dar gusto a sus padres, ustedes no viven para cumplir sus expectativas y sueños.
Tendrán dos o tres años para pensar qué carrera quieren elegir. El tiempo pasa demasiado rápido y se verán frente a una importante decisión, poco tiempo, muchas opciones y muchas voces que les digan qué hacer o qué no hacer. Ni pensar si a alguno se le ocurre decir que quiere estudiar filosofía, teatro, danza, música. ¿Cómo? ¿Piensas morirte de hambre? Serás un don nadie, eres poco ambicioso. Hace poco conocí una chica que estaba haciendo un doctorado en Francia, en física no sé qué cosa, algo muy especializado y no tenía idea de qué estaba llamada a aportar en este mundo desde allí. También a una chica que estudió finanzas porque sus padres la encaminaron a eso, pero a ella le gusta la cocina y la decoración de interiores, se dejó llevar por la presión social.
Es bueno pedir consejo, pero su vida no está sujeta a opiniones, busquen voces que les ayuden a ver dentro de ustedes, ¿qué es lo que realmente quieren?, ¿qué dones han recibido de Dios para poner al servicio?, ¿qué es lo que solamente ustedes pueden aportar a este mundo?, ¿dónde late más su corazón?, ¿cuál es su verdad más profunda? A un cierto punto, dejen de buscar afuera lo que llevan dentro, dejen de buscar validación exterior y pregúntense a ustedes mismos hacia dónde quieren encaminar su vida. Para nosotros, como creyentes, hay además otra voz que tiene algo que decir, Dios, que tiene un sueño para cada uno de nosotros, que nos ha regalado talentos y dones para custodiar y cultivar.
Además del talento es importante la disciplina, los buenos hábitos. No basta ser talentoso, hay que tener dominio de sí, capacidad de esfuerzo, de sacrificio. Hace poco uno de mis hermanos me comentaba de una de sus socias, tienen un negocio de decoración de interiores. Su socia pensaba que todo sería creativo, arte, pero no, también está lo administrativo, lo tedioso, impuestos, el IMSS, las horas extra, etc. Mi hermano me decía: “si no estás dispuesto a sacrificarte por eso que estudias, trabajas o emprendes, allí no es”. Lo que vale la pena, donde estamos llamados a poner nuestro amor implica alegría, sí, pero también renuncias, esfuerzo y sacrificio.
El Papa Francisco les dice, ustedes son la esperanza de una sociedad mejor, (…) No tengan miedo de su juventud, no dejen que sus fragilidades los paralicen, no se resignen a la idea de ‘de todas formas no podemos hacer nada’. Todo el mundo puede y debe hacer su parte. La construcción de la paz inicia de la pequeñez de nuestras relaciones, del cuidado de los sentimientos que cultivamos en nuestro corazón, de la sensibilidad ante el sufrimiento que encontramos. La paz empieza en nosotros: piensa en esto cuando te enfades o discutas con alguien.
Les deseamos lo mejor en esta nueva etapa, que Jesús sea siempre su maestro, María Santísima la madre que les acompañe y Madre María Inés una amiga que les recuerda que hay que tener la sonrisa en los labios para compartir la alegría con los demás. ¡Muchas felicidades, los queremos mucho!
Colegio Isabel la Católica
Presente Lux est vita

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