Caridad en familia
- CILAC
- 19 ago 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 5 feb 2020
“La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios”. (CIC, 1822)
Como siempre, regreso al tema del amor, pues considero que no hay asunto más importante en cuál trabajar en esta vida, ni nada que la pueda hacer más maravillosa.
Y es que, si vemos las cosas a través de los lentes del amor, todo toma una perspectiva muy diferente. No es fácil realizarlo, lo sé, nunca seremos expertos en amar, porque el amor, como proviene de Dios, nunca termina, siempre se puede amar, más, más y más.
Sin embargo, como todos nos hemos podido dar cuenta, en nuestra vida diaria cada vez es más difícil sentir un ambiente de amor y fraternidad. Con mayor frecuencia, somos testigos de hechos donde hace falta mucho la caridad.
Recuerdo que hace poco se hizo popular el caso de un automovilista que, desesperado porque a un señor de la tercera edad, que se encontraba delante de él, se le descompuso su carro, fue y lo estrelló contra el camellón de la avenida. ¿Qué hubiera pasado si esta persona, hubiera aprendido a ver con los lentes del amor? Seguramente hubiera descendido del automóvil y preguntado al señor en qué podía ayudar.
Principalmente, creo que esto sucede porque olvidamos la dignidad y el valor de las personas, los cuales tienen sólo por existir; y si somos creyentes, por ser, al igual que nosotros, hijos de Dios. Si pensáramos en esto antes de interactuar con alguien, creo que nuestro comportamiento sería totalmente diferente.
Cuando amamos a una persona deseamos que se sienta bien y tenga lo necesario para desarrollarse y ser feliz. Por lo tanto, realizamos por caridad obras o servicios en su beneficio, así como también compartimos con ellos tiempo y cosas a su favor.
Si queremos una sociedad más empática y tolerante, este es el momento de actuar, para detener esta ola de violencia que nos sobrepasa rápidamente.
En la familia, como había mencionado anteriormente, es donde aprendemos a amar y también a servir al prójimo. Por lo tanto, es responsabilidad de nosotros los padres enseñar a nuestros hijos y principalmente con el ejemplo.
Regularmente pensamos que esto necesitará mucho esfuerzo y sacrificio, pero podemos ir trabajando poco a poco en los siguientes aspectos, aquí es importante ser constantes:
Amar a Dios sobre todas las cosas, dándonos el tiempo de asistir a misa los domingos interesarnos en conocer nuestra fe y hacer oración.
Amar al prójimo, resaltando el valor de cada persona, respetando su dignidad y evitando las críticas y los prejuicios. Procurar en la medida de lo posible, que las personas que se acercan a nosotros, se retiren sintiéndose mejor que cuando llegaron, esto en un ambiente de sinceridad.
Promover el bien común, actuando con justicia y honestidad.
Realizar en familia obras de caridad, en nuestra comunidad hay muchos lugares donde los podemos hacer.
Ser conscientes de las cosas que nos desalientan o molestan para no perder el control de nuestra emoción.
Tener una actitud positiva ante la vida, tener esperanza.
Alentar a nuestros hijos cuando de ellos surge un acto de bondad.
Vivir la caridad desde los pequeños detalles, empezando en el hogar, recordando que la familia es el prójimo más próximo. Sobre este aspecto decía Madre María Inés:
“También es caridad, un aviso fraternal, recordar una advertencia, recoger un trapeador que se dejó olvidado y sin lavar; lavarlo y llevarlo a su lugar; recoger de algún rincón una basura que otro olvidó, etc. etc., y todo esto calladito, sin hacer mención de ello ¡Cuán agradable te debe ser Señor! aunque sean nonadas. Y si se hace con el doble fin de salvar almas ¡cuánto mayor será tu gozo Señor! Dame Dios mío constancia para hacerlo así siempre y no desmayar”.
Compartiendo la alegría de ser padres, te mando un abrazo.

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