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Convivir, cambiar, acompañar.

  • Cilac2019
  • 8 feb 2021
  • 4 Min. de lectura

Se me hace difícil pensar en querer que algo se me imponga, pues es de las cosas que menos me gustan. Aún así, vivo en un ambiente impuesto. Vivo tiempos impuestos, vivo necesidades impuestas.


Estos tiempos de pandemia, en los que ya casi cumplimos un año recreándonos, han sido completamente difíciles. Sí, posiblemente crecimos en un área específica, nos conocimos mejor, organizamos aspectos de nuestra vida, pero ha sido difícil. No te acostumbras a dejar de comer algo que amas en solo un día. Incluso, cuando ya han pasado algunas semanas, lo extrañas. Extraño ir a la escuela, extraño ver a mis amigos y bromear hasta que nos doliera el estómago, extraño tomar la Comunión en misa, extraño los amaneceres al lado de mi padre escuchando la radio, extraño las anécdotas de mi hermana cuando regresaba del hospital, extraño el “Katy, bájale a la música” de mi mamá cuando me recibía después de una jornada en la prepa. Tal vez lo extrañes también, y no es algo que nosotros hayamos decidido extrañar: es algo impuesto.


Justo así le pasó a Frodo Bolsón, el personaje de una de mis obras literarias y cinematográficas favoritas, El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien. Tenía una misión de lo más difícil. Lo curioso: él nunca decidió que se le asignara esa misión. Para no contarles de más, se encuentra en alguna ocasión con un mago muy sabio, Gandalf, que al escuchar su lamento sobre la misión que se le había encomendado, le respondía de la siguiente manera:

“No podemos elegir los tiempos en los que nos toca vivir, lo único que podemos hacer es decidir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado”.


¿Por qué te cuento esto, querido lector? Por la razón de que no podemos cambiar la situación de pandemia de un día para otro, pero podemos cambiar nosotros mismos, gradualmente. Claramente sabemos que hay cosas que extrañamos, yo te he contado algunas de las que más extraño; mas así como hubo un pasado, hay un presente.


En la obra de Tolkien, siempre que se nos presenta este Frodo con el que nos podemos relacionar en muchísimas ocasiones: este Frodo que ya no puede, que está a punto de desistir y regresar a la conformidad en su villa de origen, cuenta con el apoyo de su gran amigo Sam Gamyi. Sam, como una luz en medio de la incertidumbre, de la oscuridad de los túneles donde no podemos ver, lo ayuda a seguir, a buscar nuevas formas de motivarse. E increíblemente lo sigue sin importar los obstáculos.


Podríamos dejar pasar esta analogía, pero me parece la más importante. Así como Sam, tenemos siempre un apoyo, una esperanza, un teléfono 24 horas que escuchará hasta los gritos ahogados desde hace meses o años: Jesús, nuestro amigo y soporte incondicional. Así como Frodo, tenemos una misión muy difícil, la de seguir sacando adelante nuestra voluntad durante esta situación de pandemia. Muchas veces, nuestra naturaleza humana nos hace pensar en abandonar el intento de mejorar, de sobrellevar aquello que nos pesa. Miramos el crucifijo de nuestro cuarto y recordamos que en ningún momento hemos caminado por nuestra cuenta: Sam le da una mano a Frodo e incluso lo carga para que cumpla su misión. Déjate abandonar en los brazos de Jesús, pídele con todo amor y confianza que cargue tu cruz, que en esos días en los que tu ánimo puede estar por los suelos sea Él quien te ayude a subir, paso por paso, la escalera de la perseverancia. Y, como te decía anteriormente, será difícil. Pero aprender a andar en bici requiere constancia, acompañamiento, dedicación. Busca guías como tus padres, profesionales de la salud mental, guías espirituales, y ora constantemente, incluso si sientes que no sabes cómo comenzar, pues Él te escucha. Él te ayuda a ver con claridad.


Si bien tenemos a Jesús siempre dispuesto a acompañarnos, no todas las personas saben que pueden acudir a Él en momentos difíciles de su vida. Tú puedes ser esa persona que los guíe al amor, a la calma, a la paz. Comienza por tí mismo, por tu familia, por tus amigos, y verás que la grandeza de Dios te llevará a lugares extraordinarios.


Te invito a que busques modos en los que puedas mantener todas aquellas cosas que te fascinaban en compañía antes de quedarte en casa, mantener viva tu llama apasionada por lo que más disfrutas en la vida: juntarte con tus amigos por zoom, ver una película con tu familia, compartirles las cosas que más te interesen, asistir a Horas Santas virtuales, jugar con tus hermanos, escuchar a los demás. Porque esta situación es de todos, pero también es para todos.


Te comparto que es mi familia con quien convivo diariamente, y diariamente es que descubro destellos de sus personas que me hacen ver la grandeza de Dios, a través de la realización de actividades como jugar con ellos, ver películas juntos, ir a caminar al parque de la colonia, bailar, compartirles las obras literarias que me apasionan. Se trata de vivir un confinamiento espacial, pero una explosión de la personalidad.


A eso se refería Tolkien en la frase del ilustre mago, a encontrar, aún en la dificultad, las chispas que se nos han dado amorosamente, para cambiar los tiempos difíciles desde una perspectiva propia, una que ilumina.


Así, especialmente en estos tiempos, pero realmente toda la vida, espero que todos podamos vivir acompañados y acompañando. Y, si bien seguiremos por un momento conviviendo en un espacio impuesto, que seamos nosotros ese fuego que nos ha dado el Espíritu, en nuestras familias; que busquemos nuestro descanso en el Padre, que no nos soltemos de la mano del Hijo y le demos un sí al Señor como María, un sí a sobrellevar esta situación, a decidir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado.




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