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Mi vocación: P. Ángel Josué

  • Cilac2019
  • 7 dic 2020
  • 3 Min. de lectura

En la historia de toda persona existe un llamado tan profundo, que el llegar a descubrirlo es muy interesante, divertido, intenso, para unos es complicado, para otros puede ser fácil. En mi caso Dios se valió de muchos medios para poder escuchar su invitación en mi historia personal. En fin, te comparto un poco del cómo ha sido el llamado de Dios en mi vida.


Hay algunos acontecimientos que pasan en nuestra vida que pueden marcar el rumbo de esta; por ejemplo: la familia en la que naces, en mi caso, mis padres se conocieron en la Iglesia y desde pequeño me enseñaron el amor de Dios, entré a un grupo llamado ACAN a los 6 años y serví como Monaguillo desde los 8 años, hasta mi adolescencia en la parroquia donde viví mí infancia. Otro evento importante, fue cuando acabe los estudios de Preparatoria, me invitaron a vivir un Retiro de Adolescentes en la misma parroquia, este encuentro en realidad cambió mi vida ya que aquí fue donde surgió la inquietud por el llamado que Dios me estaba haciendo. Algo que debo mencionar, es que el lema del grupo al que pertenecí siempre llamó mi atención, y lo sigue haciendo, decía así: “todo por Dios y para Dios”, yo me preguntaba: ¿qué significa darlo todo por Él y para Él?


Otra actividad que disfrutaba mucho, aparte de ir a Hora Santa cada jueves y a Misa los Domingos, era el apostolado del grupo, visitábamos enfermos en el Hospital de Cardiología No. 34 en Monterrey (está frente a la Parroquia) y esto me ayudó en mí discernimiento vocacional, que sería más adelante. Así mismo, en una ocasión estando en un encuentro de jóvenes con el Arzobispo, esos que cada año se realizan en nuestra amada Diócesis, me encontré con una persona que curiosamente llevaba impresa en su playera la frase: “Si no es aquí, ¿dónde?, si no es ahora, ¿cuándo?, si no eres tú, ¿quién? TÚ PUEDES SER SACERDOTE”. Vivencias como estas iban ayudando para que mi débil respuesta se fuera fortaleciendo de alguna manera.


Cuando pasaron estas experiencias yo tenía 17 años, ese fue el tiempo en el que escuché por primera vez y de manera más clara y directa la llamada de Dios, propiamente, en marzo del año 2007 por medio del vicario de la parroquia María Madre, a la cual asistía de ordinario con mi familia desde pequeño. En ese entonces yo era un joven que cursaba el 2º semestre de Ingeniería en FIME, en la UANL. Me encantaba (y todavía me agrada mucho) jugar futbol y practicar algunos ratos ciclismo. En pocas palabras, como todos, un chavo de parroquia que estudiaba y hacía una vida normal.


El momento donde todo cambió, fue cuando hice mi “proceso vocacional” con la inquietud de entrar al Seminario, este duró 2 meses, es decir, fue relativamente corto, y al convivir con los Seminaristas y algunas vivencias más, fue como decidí responder a este llamado. Es bueno comentar que mi familia, sobre todo mis papás se pusieron muy contentos al decirles que ingresaría al Seminario, y gracias a Dios siempre estuvieron dispuestos a brindarme su apoyo. Entré al Seminario de Monterrey un sábado 4 de agosto del 2007, y mi formación a la ordenación presbiteral duró 10 años. Me ordenaron sacerdote junto con 6 hermanos de mi generación el día 15 de agosto del año 2017 en la Basílica de Guadalupe.


Actualmente, tengo 3 años de Ministerio Sacerdotal y he servido en 2 encomiendas dadas por mi Obispo Mons. Rogelio Cabrera López. El primer destino como sacerdote fue ayudar como acompañante en la Pastoral Vocacional de la Arquidiócesis de Monterrey, junto con otras tareas, como ser capellán de las hermanas Angélicas y servir como animador vocacional en la Pastoral Educativa, es decir, presencia en colegios católicos.


La promoción vocacional es una tarea que siempre he disfrutado y que ya había experimentado durante varios años siendo seminarista, el Centro Vocacional fue el lugar donde viví las primicias de mi ministerio. Ahora, desde agosto del 2019, a la fecha, estoy estudiando una Licenciatura en Moral y Espiritualidad en Pamplona, España, primero Dios acabo estos estudios en mayo del próximo año. Después de este tiempo transcurrido en el Sacerdocio, descubro que me siento contento y agradecido con Dios por todos los regalos que me da para seguir aprendiendo a ser sacerdote, y seguir tratando de servir mejor al pueblo de Dios con mucha alegría. Me sigo encomendando a su oración, reiterando mi cariño y gratitud por todos aquellos que oran por todos nosotros los sacerdotes del pueblo de Dios, así como el ofrecimiento al celebrar la Eucaristía por ustedes.

P. Ángel Josúe Loredo

Sacerdote Diocesano

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