Discurso Generación 59
- CILAC
- 7 jul 2021
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 8 sept 2022
Buenas tardes, estimados compañeros, hermanas, maestros y a todos los aquí reunidos, espero y se encuentren todos muy bien. Es un honor para mí, dirigir estas palabras en este día tan especial; hoy es el día en el que dejamos atrás esta etapa de nuestras vidas, donde damos cierre a una historia y comenzamos otra. Ha llegado ese día, ese día tan anhelado o tan temido, que alguna vez vimos tan lejano, ese día por el cual hemos trabajado tan duro y nos hemos esforzado por alcanzar, por el cual hemos hecho muchos sacrificios y hemos entregado lo mejor de nosotros, hoy es el día en el que concluimos nuestra educación secundaria. Todavía recuerdo el momento en el que ingresamos por primera vez a la escuela secundaria, era una nueva etapa, un nuevo comienzo básicamente, no sabíamos qué nos esperaba, pero sabíamos que tarde o temprano lo íbamos a enfrentar.
Es increíble ver todo lo que hemos alcanzado, en lo que nos hemos convertido y cómo nos hemos visto crecer mutuamente. Todos teníamos diferentes expectativas, diferentes logros y metas que estábamos dispuestos a alcanzar y dar todo por ellas, de igual manera hubo altas y bajas, pero siempre supimos cómo nunca darnos por vencidos. Sin duda alguna fue un ciclo escolar difícil, no era como uno imaginaba o esperaba que fuese su último año de secundaria, uno esperaba poder seguir viendo a sus amigos o maestros en persona por un año más y tristemente no fue así. Pasaron muchas cosas, hubo pérdidas lamentables, gente importante se fue de nuestras vidas e incluso perdimos amistades o simplemente dejamos de relacionarnos igual que antes con los demás; pero, considero que cada experiencia mala, deja alguna enseñanza o lección.
Este año, por más duro que fue, nos ayudó a cada uno de nosotros de una manera distinta, y, por más complicado que sea o que haya sido, logramos salir adelante. Juntos, fuimos parte de este gran Colegio Isabel La Católica, y, principalmente y de la forma más atenta me gustaría agradecer a las hermanas, ya que sin ellas no tendríamos la formación que tenemos actualmente. Gracias por el hacer posible que continúe esta institución y su organización. Gracias, por guiarnos por el camino de la fe y por siempre apoyarnos y estar presentes para nosotros.
Esta etapa llega a su fin, pero junto con ella nos llevamos muchas enseñanzas y por eso quiero agradecer igualmente a los maestros; muchas gracias. Gracias por tomarse el tiempo para impartirnos las clases y enseñarnos con el corazón, sabemos el esfuerzo que pusieron en cada una de ellas, gracias por su comprensión y por siempre estar ahí para nosotros, sabemos que no es fácil, y mucho menos de manera virtual, fue algo que nos tomó a todos por sorpresa y ustedes maestros, supieron cómo levantarse y seguir adelante; gracias por siempre estar ahí presentes para todos y cada uno de sus alumnos, por preocuparse y por ser tan atentos, pero sobre todo gracias por siempre ayudarnos a ser mejores personas y sacar lo mejor de nosotros mismos.
Nunca olvidaremos todas las veces que el profesor Pedro nos llamó “jóvenes ilustres” o la canción tan memorable que sonaba en el salón de computación. Tampoco podemos olvidar las referencias de películas en las clases de historia con la maestra Janeth, el profesor Sergio siempre diciéndonos “hola muchachos” al iniciar cada una de sus clases, o cómo la maestra Rosy nos llegó a llamar “cabezas de piloncillo”, entre muchas otras cosas. Sin duda alguna, los recordaremos con gran cariño y deseo que nunca dejen de enseñar con el corazón, porque: “enseñar, es dejar una huella en la vida de una persona”. Infinidad de historias y momentos se me vienen a la cabeza, como las miles de risas y pláticas que teníamos en el laboratorio, cada receso que pasábamos, o como jugábamos en educación física, me cuesta creer que ya no conviviremos a diario como lo hacíamos antes; despedirse no va a ser nada fácil, son compañeros con los que hemos pasado por tanto, esos que nos han acompañado en las alegrías y tristezas, que nos han ayudado a levantarnos en los momentos difíciles, esos que nos dan ánimos para seguir adelante, esos compañeros a los que tenemos el honor de poder llamar amigos.
Saber que el final de esta etapa de nuestras vidas ha llegado, me causa emociones encontradas, pues me siento tan feliz por todos los logros que conseguimos alcanzar, y por las tantas historias que pudimos crear. Y a su vez, siento nostalgia por el saber que es hora de despedirme de los compañeros con los que tanto compartí.
Compañeros, gracias por las tantas experiencias y momentos juntos, sin duda alguna son recuerdos que llevaré conmigo para siempre y que me hacen ser la persona que soy actualmente; pasamos de ser conocidos a grandes amigos, un grupo de amigos que haría lo que esté a su alcance por ayudar a esos a los que ahora les tiene tanto cariño, pero hoy tomamos diferentes rumbos en la vida, es aquí donde después de tantas cosas vividas, nos separamos y cada quien tomará su camino; ese camino que recorríamos juntos, ahora lo recorreremos por separado y, honestamente, no sé qué nos depare el futuro, es aterrador pensar en lo que podría o no pasar en él, pero simplemente, hay que vivir y disfrutar el presente, el aquí, el ahora, cada instante, cada segundo de nuestras vidas, hay que sacarle el máximo provecho.
Muchas veces me he puesto a pensar, ¿Qué pasará cuando seamos mayores? Toda esa gente que conocí, ¿se acordará de mí? La verdad es que no tengo idea, pero solo espero haber podido dejar una marca en esta gente tan maravillosa que conocí, en esta gente a la que me encanta poder llamar amigos, porque ustedes, ustedes dejaron una marca en mí. Hoy, es el fin de una etapa, pero no puedo dejar de mencionar que el camino jamás se recorre solo, siempre hay personas que lo recorrerán contigo y compartirán esos sueños que llevan en el corazón. Es momento de seguir adelante, tomando nuestras propias decisiones con base en nuestros errores del pasado y, sobre todo, con las enseñanzas que nos dejó el Colegio y con el carisma misionero pues hemos mejorado mucho como personas y no dudo en que conforme sigamos avanzando, mejoraremos cada vez más y más con Jesús y María de nuestro lado. Por último, me gustaría citar al político Nelson Mandela diciendo que: “La educación es el arma más poderosa que puedes tener para cambiar al mundo”. Compañeros: que Dios y la Virgen María sean siempre sus guías y fortaleza en la vida. Muchas gracias por su atención.
Colegio Isabel la Católica,
presente, Lux est Vita
Ana Camila Charles Meléndez
Presidenta Sociedad Alumnos
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