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Luces y sombras: Discurso Graduación Secundaria 2019

  • Foto del escritor: CILAC
    CILAC
  • 19 jun 2019
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 8 sept 2022

Queridos jóvenes:


Con gran alegría les acompañamos las hermanas y maestros al concluir esta etapa de la secundaria. Están por iniciar una nueva etapa donde se enfrentarán a nuevos retos. Muchos de ustedes ahora sienten lo veloz que pasa el tiempo y que después de 9 años o más se separan de sus amigos. Hay muchos sentimientos encontrados: ilusión, nostalgia, tristeza, liberación, miedo. Así es nuestra vida, aprender a convivir con diferentes sentimientos, pensamientos y actitudes que, a las veces, parecieran ser contradictorios, pero que estamos invitados a integrar. Como siempre, he encontrado una historia que nos sirve mucho para reflexionar en esto. Fue todo un reto resumir 80 páginas en 2, así que, quien quiera leerlo completo se llama El Niño Día y la Niña Noche de George MacDonald:


Érase una vez una bruja llamada Whato quien tenía un lobo dentro que la había vuelto cruel. Whato crio a una niña y un niño que separó de sus madres: Nycteris y Photogen. Hizo que Nycteris viviera encerrada en un castillo conociendo sólo la oscuridad y la tenue luz de una lámpara. Tenía la piel oscura, cejas y pestañas negrísimas, una expresión dulcemente triste. Photogen, por el contrario, vivía en el día y dormía de noche. Whato se aseguró que no conociera la oscuridad. Nunca le dejaba ver nada de color negro, y apartaba de su camino todos los tonos oscuros. Era la criatura más alegre del mundo, siempre riéndose. Cuando creció se convirtió en cazador con la instrucción de que bajo ningún motivo debía prolongar su excursión hasta la hora de la puesta de sol. Nycteris, en cambio, no conocía nada del mundo, pero le sacaba gusto a todo lo que hacía. A pesar de todo sentía deseo de más espacio. Se pasaba las horas contemplando su lámpara, y su corazón se ensanchaba cuanto más la iba mirando.


Un día un fuerte viento hizo que la lámpara se rompiera. Desaparecida la lámpara, se despertó en Nycteris por vez primera el deseo de huir de su prisión. Tuvo una gran alegría cuando vio una luciérnaga que se había colado desde el jardín. La siguió, pues era un ser de luz, y como la luz es toda una, cualquiera puede servir de guía para encontrar más luz. Cuando vamos siguiendo una luz, incluso el que se apague puede servirnos de pista. Así finalmente llegó a un jardín y por primera vez vio la luna y las estrellas.


Un día Photogen decidió desafiar las reglas de Whato y conocer qué pasaba cuando el sol se ponía. «Vamos a ver lo que pasa ahora». Pero lo dijo enfrentándose a una oscuridad que nunca había conocido. La noche sacó a la luz todos sus temores, todo lo que no conocía sobre sí mismo. Él que se creía tan valiente se dio cuenta que en realidad, simplemente había disfrutado de un valor que ahora le abandonaba. Oyó un grito en el bosque, mezcla de aullido y chirrido, y salió huyendo. Se despreciaba a sí mismo. Cuando estaba llegando al límite inferior del valle, la luna asomó por encima. Nunca había visto la luna. Le añadió miedo a su miedo, ¡era tan fantasmal, tan horrible! Se lanzó al agua del río, alcanzó con esfuerzo el otro lado, salió y cayó desmayado sobre la hierba.


Nycteris disfrutaba de su nueva libertad fuera del castillo. Una mariposa cruzó ante sus ojos y ella se puso de pie para seguirla. Cuando la iba persiguiendo, reparó en un bulto en la orilla del río, y como todavía no había aprendido a tener miedo de nada, corrió hacia él, movida por la curiosidad. Ese bulto era Photogen, quien despertó y la vio. Nycteris vio lo asustado que estaba. Éste se sentía con tanto miedo que se avergonzaba de mostrarse cobarde frente a una chica. Nycteris trataba de consolarlo pero no lo lograba. No podía creer que llamara oscuridad a esta noche tan iluminada por la luna y las estrellas. -No te preocupes. Hoy yo seré tus ojos y te enseñaré a mirar.- Finalmente Photogen prefirió dormir pidiendo a Nycteris que lo vigilara durante su sueño en lo que salía el sol. -Descuida, que lo haré -contestó Nycteris, olvidando el peligro que ella misma corría, y Photogen se quedó dormido. Al amanecer Photogen se despertó radiante y valiente. Las fuerzas volvieron a él mientras que Nycteris era presa del terror, sus ojos no podían ver y buscó consuelo en Photogen, pero éste, olvidándose de que en la noche había sido un cobarde la abandonó alejándose para cazar. La oscuridad y sus miedos se habían disipado momentáneamente. Pero cuando empezó a recordar la noche pasada y aquella oscuridad que aún tenía tan reciente, este recuerdo le avergonzó. No le quedaba más que una salida: determinarse a hacerle frente a la oscuridad. Por siete veces consecutivas intentó enfrentarse a la noche, decisión alimentada por la fuerza del mediodía, y por siete veces fracasó. Y a cada fracaso la sensación de derrota se incrementaba. Su valor diurno, contagiado de aquellos remordimientos, y pérdida de confianza, empezó a abandonarlo así que se enfermó y Whato comenzó a tratarlo de forma malvada.


Photogen decidió escapar del poder de Whato y escapando se volvió a encontrar en el terror de la oscuridad a Nycteris, le pidió perdón por abandonarla la última vez y se apoyaron el uno al otro durante la noche y el día, cuando el otro era presa de sus miedos. Sobre todo Nycteris le animaba a aprender a ser fuerte por la noche igual que por el día, porque si no nunca pasaría de ser un valiente a medias. -Yo ya he empezado, no te digo que a vencer al sol, pero sí a intentar hacer las paces con él, y entender su naturaleza y su trato conmigo, si me quiere hacer daño o ayudarme. Pues tú lo mismo tienes que hacer con mi oscuridad.


Si quieren saber el final, tendrán que buscar el cuento. Lo que me interesa es reflexionar en cómo integrar en nuestra vida nuestras cualidades y defectos, nuestras luces y sombras, nuestras alegrías y tristezas, nuestra valentía y nuestros miedos. Todos quisiéramos, a las veces, sentirnos como Photogen, valientes, luminosos, fuertes, alegres; sin embargo, todos experimentamos también nuestras sombras y debilidades. Cuando todo va bien, no sentimos miedo y podemos pensar que somos fuertes, pero cuando llega la oscuridad es cuando realmente conocemos quiénes somos. Photogen descubrió sus miedos, su arrogancia y su media valentía. Nycteris, en cambio, a pesar de vivir siempre en la oscuridad tenía un optimismo natural, disfrutaba de las cosas y con la poca luz que hubo en su vida creció en ella el deseo de más. Cuando ese más de luz llegó, también tuvo miedo, pero intentó hacer las paces con el sol. Así, entre los dos fueron enfrentando sus miedos e integrando la luz y la sombra en sus vidas. Esto es importante, no podemos integrar nuestra vida solos, necesitamos de los demás.


Ahora en la preparatoria se encontrarán con nuevos retos. Cuánto dolor sentimos cuando nuestros exalumnos nos platican, -se acuerda de Fulano, pues ya anda bien perdido- o –Se acuerda de esta otra, pues se le pasaron las copas y no se acuerda de qué le pasó- se e enfrentarán a pensamientos diversos, profesores y compañeros que cuestionarán su fe y creencias, se enfrentarán a maestros que no tendrán mucho interés en ustedes, etc. Aparecerán nuevas sombras en su vida, pero también nuevas luces, nuevas oportunidades de ser valientes completos, no a medias. No es fácil mantener la integridad cuando todos están en tu contra. Me encanta la parte donde Nycteris sigue a la luciérnaga, una pequeña luz refleja una gran luz y guía a más luz. Déjense guiar por las personas que los lleven a la luz . Sus caídas y sus miedos algunas veces podrán ser graves y desviarlos del buen camino, pero otras veces serán grandes oportunidades de crecer, de ver con más claridad y de reencontrarse con Jesús, Camino, Verdad y Vida. Él es la luz absoluta que ilumina nuestra vida, pero Él más que nadie supo asumir las sombras, nuestras sombras, para redimirlas y que nos sirvieran para acercarnos a Él.


Cierro con una frase del Papa Francisco en su homilía de la Epifanía: “Cuántas veces, pues, (…), hemos intentado brillar con nuestra propia luz. Pero no somos el sol de la humanidad. Somos la luna que, a pesar de sus sombras, refleja la luz verdadera, el Señor: Él es la luz del mundo (cf. Jn 9, 5). Él, no nosotros.” Sean siempre reflejo de la luz del Señor abrazando sus propias sombras y debilidades, pues son parte de nuestra realidad y si los aprovechamos nos llevan a pedir la ayuda de Dios y de los demás. Les deseamos lo mejor en esta nueva etapa de sus vidas y sepan que el Colegio siempre será su familia. Los queremos mucho.


Lux est vita










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