Haz de tu tiempo un momento de eternidad: Discurso Graduación Generación 59
- H. Liz Mendoza MC
- 1 jul 2021
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 8 sept 2022
Queridos alumnos: hemos llegado al final de un ciclo, y vaya que uno que pocos podrán contar, que se han graduado en medio de una pandemia y habiendo hecho media secundaria en línea. Las cosas pudieran haber sido distintas, las circunstancias no dependen de nosotros, ni lo que sucede alrededor, seguramente hubiéramos querido que fuera diferente; pero, como dijo el sabio Gandalf a Frodo en “El Señor de los Anillos”: “Eso desean quienes viven éstos tiempos. Pero no les toca a ellos decidir. Lo único que podemos decidir es qué hacer con el tiempo que se nos ha dado.” Y eso me hace pensar en las enseñanzas del gran psiquiatra sobreviviente del Holocausto, Viktor Frankl: “Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.”
Hoy y mañana somos libres para elegir la actitud con la cual vivir. Espero que elijan la de confiar, vivir con esperanza y con la mirada puesta en el cielo. Una mirada que sabe ver las dificultades y aprender de ellas, que sabe gozar cada momento y volverlo un momento de eternidad. Saben que me gusta leer y me gustan las metáforas literarias. Hace ya mucho hice un discurso con Momo, del escritor alemán Michael Ende. Hoy tomo otro fragmento de este gran libro, que si no han leído, los invito a leer:
Aun cuando alguien tiene muchos amigos, suele haber entre ellos unos pocos a los que se quiere todavía más que a los demás. También en el caso de Momo era así.
Tenía dos grandes amigos que iban a verla cada día y que compartían con ella todo lo que tenían. Uno era joven y otro viejo. Momo no habría sabido decir a quién de los dos quería más.
El viejo se llamaba Beppo Barrendero. Seguro que en realidad tendría otro apellido, pero como era barrendero de profesión y todos le llamaban así, él también decía que ése era su nombre.
Beppo Barrendero (…) era extraordinariamente bajo e iba siempre un poco encorvado, por lo que apenas sobrepasaba a Momo. Siempre llevaba su gran cabeza, sobre la que se erguía un mechón de pelos canosos, un poco torcida, y sobre la nariz llevaba unas pequeñas gafas.
Algunos opinaban que a Beppo Barrendero le faltaba algún tornillo. Lo decían porque ante las preguntas se limitaba a sonreír amablemente y no contestaba. Pensaba. Y cuando creía que una respuesta era innecesaria, se callaba. Pero cuando la creía necesaria, pensaba sobre ella. A veces tardaba dos horas en contestar, pero otras tardaba todo un día. Mientras tanto, el otro, claro está, había olvidado qué había preguntado, por lo que la respuesta de Beppo le sorprendía.
Solo Momo sabía esperar tanto y entendía lo que decía. Sabía que se tomaba tanto tiempo para no decir nunca nada que no fuera verdad. Pues en su opinión, todas las desgracias del mundo nacían de las muchas mentiras, las dichas a propósito, pero también las involuntarias, causadas por la prisa o la imprecisión (…)
A Beppo le gustaban las horas antes del amanecer, cuando la ciudad todavía dormía. Le gustaba su trabajo y lo hacía bien. Sabía que era un trabajo muy necesario.
Cuando barría las calles, lo hacía despaciosamente, pero con constancia; a cada paso una inspiración y a cada inspiración una barrida. Paso—inspiración—barrida. Paso—inspiración—barrida. De vez en cuando, se paraba un momento y miraba pensativamente ante sí. Después proseguía paso—inspiración—barrida.
Mientras se iba moviendo, con la calle sucia ante sí y la limpia detrás, se le ocurrían pensamientos. Pero eran pensamientos sin palabras, pensamientos tan difíciles de comunicar como un olor del que uno a duras penas se acuerda, o como un color que se ha soñado. Después del trabajo, cuando se sentaba con Momo, le explicaba sus pensamientos. Y como ella le escuchaba a su modo, tan peculiar, su lengua se soltaba y hallaba las palabras adecuadas.
—Ves, Momo —le decía, por ejemplo—, las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga, que nunca crees que podrás acabarla (…) Y entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer.
Pensó durante un rato. Entonces siguió hablando:
—Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Solo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en el siguiente.
Volvió a callar y reflexionar, antes de añadir:
—Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser.
Después de una nueva y larga interrupción, siguió:
—De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta cómo ha sido, y no se está sin aliento.
Asintió en silencio y dijo, poniendo punto final:
—Eso es importante.
Vivimos en un tiempo en que todo es veloz, más que nunca hemos sentido desesperación si no sirve el internet, las noticias viajan rapidísimo, las cadenas de Whatsapp, las fake news y la desinformación están a la orden del día. Todo influencer tiene algo que decir sobre cualquier tema, aunque no lo conozca a profundidad y por eso de pronto tenemos a Juanpas Zuritas diciendo que no necesitan estudiar porque son emprendedores y se sienten líderes de opinión sin haber leído sobre temas importantes y luego haciendo el ridículo con comentarios obscenos y sexistas.
Creo que Beppo se vuelve un personaje literario al que hay que voltear a ver y este libro de Ende un mensaje profético y crítico de nuestro tiempo, a pesar de haber sido escrito en 1973. Necesitamos aprender a reflexionar, a pensar antes de dar nuestra opinión. Para esto estudiamos, no para conocerlo todo, lo cual es imposible, sino para aprender a ser críticos, a hacernos preguntas, a buscar la verdad. Me ha dado mucho gusto compartir con ustedes algunos momentos de clases o conferencias en línea y ver aquí muchos pensadores y filósofos en potencia. No dejen de hacerse preguntas, no dejen de buscar, pero con reflexión calmada.
Todavía les quedan muchos años de estudio y puede haber momentos difíciles, sobre todo ahora que todo es incierto en cuanto al desenlace de la pandemia. Se nos puede hacer muy larga la espera. Un paso-una inspiración-una barrida. Es decir, un momento a la vez. Eso nos ha enseñado la pandemia, no se pueden hacer muchos planes, pero un paso a la vez. Cuando las tareas de la escuela son muchas ver una cosa a la vez y fijarnos metas cortas nos puede ayudar a mantener la motivación. Cuando el camino se nos hace largo, vivan el hoy, aunque sin perder el horizonte del mañana. Disfruten cada momento, porque este año también hemos aprendido que la vida es frágil. Vuelvan cada momento un momento de eternidad, elijan tener una actitud de alegría y confianza en medio de la incertidumbre. Alguna vez alguno de ustedes expresó la ansiedad ante el cambio climático, y sí, jóvenes, tienen un camino mucho más incierto que el que nosotros experimentamos en nuestra adolescencia. Pero si conservan la fe, la ansiedad no se apoderará de ustedes, a pesar de hacerse presente, yo misma he luchado contra ella. Pero sabemos en quién hemos puesto nuestra esperanza y sabemos que el Señor es poderoso, es el dueño del tiempo y de la historia, de nuestras vidas y Él es el más comprometido en acompañarnos paso a paso. No preguntemos por qué nos tocó vivir esto, sino para qué y qué tenemos que aprender. Elijan siempre leer una historia de amor y no de miedo, elijan caminar con sus amigos, con su familia aquí en la tierra. No olviden que Jesús, Madre María Inés y María de Guadalupe caminan también con ustedes como su familia del cielo. Los queremos mucho, siempre tendrán las puertas abiertas de su querido Colegio Isabel la Católica.

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Ilustración de portada de Ileana Surducan
Gracias Hna Liz por tan acertado mensaje para los muchachos y para los no tan muchachos tambien. Dios la bendiga