Ecología a ejemplo de Madre María Inés
- CILAC
- 12 abr 2021
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 8 sept 2022
Beata Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento fue una religiosa que fundó la Congregación de Misioneras Clarisas y los Misioneros de Cristo. En su oración nos narra la forma de vida y el carisma que tenía: “Ella vivió en sencillez y en alegría, en contemplación y acción, inflamada por el ansia misionera de dilatar el Reino de Cristo”.
Me gustaría ordenar la frase anterior en puntos para que podamos meditarlo y conectarlo mejor:
Contemplación
Acción
Sencillez
Alegría
Ansia misionera
La ecología integral que nos propone el Papa Francisco en su encíclica Laudato si´ tiene muchas dimensiones, pero me gustaría resaltar dos: el cuidado hacia la naturaleza y de los más pobres y vulnerables, y la espiritualidad ecológica; dentro de ésta, se vive la contemplación.
¿Cómo podemos relacionar la ecología integral con el ejemplo de Madre María Inés?
Contemplación
Madre María Inés vivía en una constante contemplación; gracias a esto, ella experimentó y profundizó en Su amor y pudo decir “soy un pensamiento de Dios”. Nosotros al contemplar la naturaleza, podemos encontrar y experimentar el amor de Dios en su creación.
El contemplar es detenerse un momento para observar todo aquello que nos rodea y que sucede a nuestro alrededor y tratar de profundizar en ello. Nosotros en esto de ecología, nos podemos tomar un tiempo para contemplar la hermosura de la naturaleza y de la obra creadora de Dios. Nos podemos tomar un momento para meditar sobre cómo todo está conectado y cómo nuestras acciones o un problema social, pueden afectar principalmente a los más vulnerables y al medio ambiente, como pudimos ver en los incendios forestales que recientemente han sucedido en nuestra región.
También en la contemplación podemos profundizar en nuestra espiritualidad, por ejemplo: Hace unos meses atrás, hubo una helada con unas temperaturas de bajo cero grados. Esto provocó que varios árboles y plantas se quemaran a causa del frío. Al ver los árboles, podemos decir que ya se secaron; pero si nos detenemos a observar, podemos ver que, a pesar de que sus ramas estén secas, el árbol ha sido capaz de reflorecer. Así también podemos ser nosotros, aunque hayamos vivido un tiempo difícil podemos salir adelante y reflorecer después de aquella tormenta.
Acción
El contemplar la naturaleza no sólo nos lleva a ver la hermosura, sino que también nos lleva a ver el gran daño que hemos provocado. Aquella preocupación o pánico que podemos llegar a sentir no nos debe de llevar al “sálvese quien pueda” o a un pánico que congela y quita toda la esperanza; nos debe de llevar a hacer dolorosa conciencia y contribuir con nuestro granito de arena para ayudar en este cuidado hacia la naturaleza y los más vulnerables. Reconozcamos el daño que hemos provocado, tengamos nuestra conversión ecológica que nos lleva “del consumo al sacrificio, de la avidez a la generosidad, del desprecio a la capacidad de compartir, aprender a dar y no simplemente renunciar; pasar poco a poco de lo que yo quiero a lo que necesita el mundo de Dios” (LS #9) Veamos el problema, pero caminemos con esperanza, luchando por hacer un cambio primero en nosotros mismos y después en el entorno en el que nos desarrollamos (familia, amigos, trabajo, estudios, etc.)
En la acción, podemos vivir aquella sencillez que nos enseña Madre María Inés. Buscar hacer un cambio en nosotros y en los demás, pero no agobiándonos con tantas obras. Hay que iniciar con nosotros mismos, para después influir un cambio en los demás. Que nuestra meta sea lograr un gran cambio, pero que nuestro camino a aquella meta sean pequeñas obras. Vivamos en sencillez esta conversión ecológica, iniciemos con pequeñas acciones, por ejemplo: apagar el foco, desconectar el cable del celular cuando no lo estemos usando, utilizar la luz del día para iluminar la habitación, separar la basura, tener un huerto o jardín en casa, etc.
En este camino de cuidar nuestra casa común, nos daremos cuenta en que a veces es necesario hacer pequeños sacrificios que traerán un beneficio para nuestro planeta, por ejemplo: abstenerse de alguna compra o de una merienda, cambiar el modo en que consumimos, empezar a comer alimentos que no tengan un gran impacto en el ambiente y en nuestra salud, etc. Aquí también hay que vivirlo con sencillez, haciendo pequeños sacrificios sencillos, sin necesidad de tanta elaboración y ofrecerlos por el cuidado de nuestra casa común, por ejemplo: vencer la flojera y regar las plantas, pero haciéndolo con la alegría que el carisma de Madre María Inés nos enseña
Hacer las cosas con alegría, con amor, sabiendo que Dios nos dio la naturaleza, no para abusar de ella, sino para cuidarla y para que seamos administradores responsables y custodios de la creación.
Para poder lograr un cambio significativo en esta lucha contra el cambio climático, el Papa Francisco nos invita a vivir esta conversión ecológica en comunidad y luchar por el cuidado del medio ambiente todos juntos. Nos invita a no caer en un romanticismo que nos encierra en nosotros mismos. No queramos buscar un cambio sin la contribución de los demás. Aquí podemos vivir el ansia misionera de querer que más personas cuiden junto a nosotros nuestra casa común. Esto nos lleva a salir de nuestras comodidades para salir al encuentro de los demás.
Recorramos este camino de conversión con esperanza y alegría, realizando acciones sencillas que beneficien al medio ambiente y que con nuestro testimonio movamos corazones para que más personas cuidemos nuestra casa común; pero sin olvidarnos de tener un momento de contemplación, ya que ahí es en donde podemos encontrarnos con Dios en su obra creadora.
Andrea Chee Gutiérrez
Alumna de tercero de secundaria
Miembro del Círculo Laudato Si CILAC
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