¿Llamados a cambiar el Planeta?
- CILAC
- 19 nov 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 5 feb 2020
El 24 de mayo de 2015, papa Francisco anunció la publicación de la encíclica[1] Laudato Si´… ¿te suenan familiares están palabras? Es porque este título está tomado del cántico de las creaturas de San Francisco llamado “Laudato Si´” en el dialecto umbro del italiano medieval que significa “alabado seas.” En este documento Papa Francisco nos invita a ser conscientes de tomarnos en serio la cuestión ecológica.
Sobre este tema hay mucho de qué hablar, pero solo les quiero compartir algunas aproximaciones a este documento que a lo largo de sus seis capítulos y con un lenguaje sencillo, nuestro Pastor nos convoca a cambiar nuestro estilo de vida.
El primer acercamiento a la problemática ambiental que plantea papa Francisco es que ante este tema no se trata de dar soluciones técnicas, sino de lograr un cambio en el ser humano: cambio en relación a uno mismo, con los demás y con el mundo, es preguntarnos ¿yo que puedo ofrecer? Se trata de aprender a amar de otra manera, dejarse interpelar por preguntas como: si de la tierra tomo todo lo que necesito para vivir….yo ¿cómo se lo devuelvo? ¿Qué le voy a dejar a los que empiezan a vivir o algún día vivirán aquí?
Un segundo acercamiento a este tema es que el Papa nos da elementos de porque el cuidado de nuestro mundo forma parte de las convicciones de nuestra fe y para ello, en este documento aporta tres perspectivas distintas:
La primera, que parte de la ruptura que produce el pecado, por lo tanto tenemos en nuestra naturaleza humana actitudes autocentradas (primero yo, después yo y al último yo) que hay que superar.
La segunda perspectiva parte de la visión a la que está llamado nuestro mundo creado por Dios: crecer en plenitud, igual que nosotros.
La tercera, una perspectiva de justicia, porque el cuidado ecológico está íntimamente relacionado con la justicia social.
El otro horizonte que plantea la encíclica es, a mi punto de vista, una solución lenta pero eficiente: la educación a través de dos formas:
Formando en los pequeños (y en los grandes) la capacidad de admiración por lo pequeño, detenerse a percibir y valorar lo bello que es nuestro hogar, la casa común.
Educar en el cuidado integral en nosotros mismos: espíritu, salud, intelecto.
En general, dice Papa Francisco, educar en la cultura de la vida, del respeto a lo que nos rodea –incluyendo el prójimo-, que nos ayude a vivir el momento presente, a percibir que Dios está en todo, a saberse interconectado(a) y por lo tanto sentirse responsable hacia lo que le hacemos a nuestra casa común. Ante este desafío no estamos solos, necesitamos empezar solos pero actuar en comunidad.
Madre María Inés, a quien en este mes celebramos, era una amante de la naturaleza, y en uno de sus escritos, expresa “Que nuestras almas de apóstol te encuentren en todas partes: en el pobre que socorremos, en el ignorante que instruimos (…) en los campos que pueden contemplar nuestros ojos (…) en las radiosas estrellas, en la apacible luna, en la luz del sol que calienta a buenos y malos”[2]. Pidamos su intercesión para aprender a “dejar este mundo mejor de como lo encontramos”[3] antes de que sea demasiado tarde.

[1] Encíclica es una carta que dirige el Papa sobre un tema específico para todos los fieles del mundo.
[2] Escritos “experiencias espirituales”.
[3] Baden Powell, fundador del movimiento Scout.
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