El duelo y los niños
- Dra. Olga López
- 25 ene 2021
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 12 sept 2022
La situación actual nos ha llevado a enfrentarnos a situaciones difíciles e imprevistas como la enfermedad o la muerte de un ser querido. Como padres tratamos de apartar a los niños del dolor y no les enseñamos a afrontar la muerte como lo que es, un hecho natural que forma parte de la vida.
¿Qué es el duelo?
Es un proceso normal, dinámico que ayuda a aceptar la realidad de la pérdida (muerte de un ser querido, pérdida de la salud, pérdida de un trabajo, término de una relación afectiva, separación de los padres), trabajar las emociones asociadas a esta pérdida (tristeza, ira, culpa, alivio) y aprender a vivir con la pérdida. Cada duelo es único y diferente en cada persona.
Los niños viven el duelo de una manera diferente a los adultos, sus duelos suelen ser más cortos y sus emociones se expresan diferente, así mismo el concepto de la muerte es distinto y va evolucionando de acuerdo con la edad, aunque muchas veces la información que se les da acerca de la muerte es incompleta.
Existen 2 conceptos claves para explicar la muerte a los niños y puedan comprenderla mejor.
Irreversibilidad. Aunque para los adultos es algo muy claro, los niños pequeños piensan que la muerte es una ausencia temporal y piensan que en para ocasiones puntuales o festivas puede volver. Tenemos que tener mucho cuidado con las expresiones que utilizamos para no confundirlos.
Universalidad. Los niños piensan en la muerte como algo selectivo que solo les pasa a las personas muy viejitas o muy enfermas, hay que hacerles entender que todos los seres vivos mueren, aunque lo habitual es que esto suceda cuando ya sean muy mayores, esto último puede ayudarles a aliviar la angustia que pueda generar el comprender que mamá y papá pueden morir.
¿Qué es lo normal en el duelo infantil?
El comportamiento ante la pérdida de un ser querido varía según la edad del niño.
0 a 2 años: los niños pueden encontrarse irritables, alteración del patrón de sueño, dificultades en la alimentación y regresiones (mojar la cama, uso de chupón). Les ayuda que les dediquemos un cuidado extra y que sus rutinas se mantengan de la manera más regular posible. Se debe buscar atención cuando los problemas de alimentación conlleven a una pérdida de peso importante o que muestren incapacidad para responder a interacciones sociales.
Preescolares: es normal que aparezca o se exacerbe la ansiedad por separación (llanto o berrinche cuando mamá y papá se ausentan de casa), regresiones, pesadillas y miedos ( a la oscuridad a estar solo en su cuarto). La manera de ayudarlos es hacerles saber que siempre estarán protegidos y cuidados, que respondamos sus preguntas de manera honesta, con un lenguaje adecuado y comprensible, que garanticemos su seguridad y expresemos con ellos nuestras emociones para así enseñarles a ellos a reconocerlas y nombrarlas, así como el uso de recursos como cuentos o películas que ayuden a entender mejor el proceso. Se debe prestar atención y buscar ayuda profesional cuando la ansiedad sea incapacitante, las pesadillas recurrentes o el miedo no permita realizar sus actividades normales, así como si aparecen síntomas depresivos.
Escolares (6 a 10 años): puede aparecer temor a la propia muerte, obsesión con la seguridad, tristeza en forma de enfado o agresividad, baja concertación con consecuente bajo rendimiento escolar y que surjan muchas dudas y preguntas respecto a la muerte. Les ayuda ser tomados en cuenta en las explicaciones, el hacerlos partícipes (en medida de lo posible) en ritos, funerales, misas, no juzgar sus reacciones corrigiendo con respeto y amor aquellas que no sean adecuadas, realizar actividades que favorezcan al recuerdo. Debemos preocuparnos ante somatizaciones (síntomas físicos: dolor abdominal, dolor de cabeza, vómito) síntomas depresivos, ansiedad y miedo incapacitante o bajo rendimiento escolar prolongado.
Preadolescentes (10 a 12 años): es frecuente la negación, tristeza, desesperación, resistencia a hablar de la muerte y respuesta a roles esperados tras la pérdida, pueden aparecer cuestionamientos acerca de la fe. Les facilita darles seguridad, conocer experiencias similares, búsqueda de expresión emocional mediante la escritura, la música o el arte. Los datos de alarma son cuando existe aislamiento social extremo, somatización recurrente, problemas para dormir, síntomas obsesivos o exceso de responsabilidades o tristeza excesiva que incapacite sus actividades diarias.
Adolescentes: lo habitual es que exista cierto rechazo a hablar del tema, ocultación del dolor afán de proteger a las personas que lo rodean, miedo a olvidar y que asuman el rol de la persona fallecida. Podemos ayudarles respetando su espacio sin perder el contacto con ellos, escucharlos cuando estén dispuestos a hablar. Debemos preocuparnos ante el aislamiento extremo, tristeza excesiva, ideación suicida y conductas de riesgo (consumo de alcohol, drogas)
Recursos útiles
Libros: Siempre, ¿Dónde está el abuelo?, No es fácil pequeña ardilla, El árbol de los recuerdos, Un monstruo viene a verme.
Películas: Buscando a Nemo, El rey León, El hombre bicentenario, UP, El niño con el pijama de rayas.
Otras actividades: Caja de recuerdos, pictogramas, cuaderno de anécdotas.

Muy completo Doctora! Muchas gracias 😊 En lo personal estamos pasando por un duelo doble por la muerte de mis padres y me alivia saber que el comportamiento de mi niña de 8 y mis adolescentes es normal, dentro de lo esperado y saber como podemos acompañarnos mutuamente en la aceptación.
Saludos!