Fe y ciencia ¿se contradicen?
- CILAC
- 24 jun 2019
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 4 feb 2020
Soy bióloga de profesión y católica por convicción, dos verdades que parecen contradecirse entre sí y sin embargo profeso las dos.
Cuenta mi mamá que desde los 5 años solía decir que quería ser científica, ella me decía: “¿quieres ser doctora?” (Que es más común escucharlo en los niños) y yo le decía: “no, científica”. Recuerdo que me imaginaba con una bata de laboratorio trabajando en algo así como la NASA. Tenía un kit de doctora, pero yo, operaba hormigas. Había en mí una gran curiosidad por comprender el entorno que me rodeaba, así que desde entonces y con ayuda de unas cuantas hormigas, comencé mi carrera de investigación.
A la par de mis primeras metodologías científicas nacía en mí una profunda necesidad de participar de Dios aun cuando no lo comprendiera, así que, en cuanto tuve la oportunidad de conocerlo en la persona de Jesús al hacer mi primera comunión, nos hicimos muy amigos.
Al momento de elegir carrera, biología fue la mejor opción, pues abarcaba varias áreas de mi interés en el ámbito científico.
En la universidad me topé con que una gran parte de la población era atea y de ellos, muchos cuestionaban a Dios y a la Iglesia. Yo no sabía que decirles pues amaba mucho a Dios pero sin fundamentos palpables que se pudieran explicar. Por otro lado, algunos de mis amigos pasaban por momentos difíciles y yo no tenía como darles una esperanza que tuviera un sentido profundo, más allá del “optimismo” superficial con el que se suelen abordar ese tipo de situaciones. ¡Todos necesitábamos respuestas! ¡Tenía que buscar el fundamento de mi fe! No solo por mí, sino por el bien de aquellos que necesitan convicciones sólidas y una base fuerte de donde sostenerse.
Pasaron alrededor de 10 años en los que, con paciencia y conforme se iban presentando las situaciones, buscaba la convicción que hay detrás de cada una de ellas. Temas varios: la realidad humana, el amor de Dios, las relaciones interpersonales, la creación, las Sagradas Escrituras, el sentido de la castidad, de la obediencia, de la pobreza, los mandamientos, las obras de misericordia, el amor al prójimo, etc. Al final todo desembocaba en lo mismo: la búsqueda de la verdad.
Buscaba la verdad, sí, pero mi amor por Jesús era más grande que buscar respuestas. Así que sin más ni más, un buen día, sentí el llamado a consagrar mi vida y toda mi persona a Quien había amado tanto desde niña.
Estando ya en el convento me tocó hablar de “Jesús, camino, verdad y vida” y entonces ¡enloquecí! No podía entenderlo, ni mucho menos explicarlo. Busqué primero en google, el mejor amigo de todo científico, después entrevisté a algunas de mis hermanas y con todo, no podía comprender a que se refería. Terminé vencida delante del sagrario, 5 minutos fueron suficientes para que El Señor dueño del universo, me respondiera. Porque ese Señor, antes que ser El dueño de todo, era mi amigo y como tal, respondió mi pregunta: ¿Jesús, dime, por qué eres la verdad?
Entonces comprendí lo que durante muchos años había buscado. San Pablo en Colosenses 16 nos da la clave “Todo fue creado por Él y para Él, Él es anterior a todo y todo se mantiene en Él”. Esto es, antes de Dios nada existía, sólo Él y por Él fueron creadas todas las cosas. Él es el único que posee la capacidad creadora para crear a partir de la nada. Nosotros los científicos podemos re-crear lo creado, jugar con los elementos que ya existen, pero nadie nunca en la historia de la humanidad, con toda la inteligencia que tiene el Homo sapiens sapiens ha sido capaz de crear vida o un elemento desde la nada. La teoría quimiosintética de la vida de Oparin-Haldane sugiere que las moléculas se agruparon de forma cada vez más compleja, formando una especie de “microesferas” que no son más que gotitas de proteínas (imaginemos una gotita de aceite) a partir de las cuales se formaron las primeras células. Sin embargo, pese a los múltiples experimentos, los científicos no han podido generar vida a partir de ellas.
Retomando a San Pablo, antes de Dios, nada existía y todo fue creado por Él. Imaginemos a la abuelita que tiene una receta de cocina que nadie más conoce. Ella tiene la verdad de esa receta y en ella está esa verdad. Si ella muere sin comunicar esa verdad, la verdad muere con ella. Algo así pasa con Dios, por Él fue creado todo cuanto existe, entonces en Él está esa verdad, Él mismo contiene esa verdad y podemos decir, que Él mismo es esa verdad, de todo lo que vemos y lo que no vemos, de todo lo que hay. Si de lo creado, se sugiere un origen distinto a Dios, no sería verdad, porque todo existe por Él. La verdad existe porque Dios existe, por eso, el concepto de verdad no puede excluir a Dios.
Entonces entendí que la ciencia es sólo una parte de esa verdad, que Dios mismo es la ciencia, que ella explica “cómo” fueron creadas todas las cosas. Verdad que Dios mismo revela a quienes Él quiere, reservándose el derecho, hasta ahora, de revelar el “secreto de la vida”. La fe es otra parte de esa misma verdad, ésta explica el “para qué” fueron creadas las cosas, es decir, le da sentido a lo creado. No solo no se contraponen, sino que ambas se complementan siendo parte de la misma verdad. Inevitablemente ya sea desde la ciencia o desde la fe, se termina en Dios. En ambos casos, para que haya una respuesta auténtica, se debe buscar con sencillez, no desde la postura arrogante de quien se cree Dios o más que Dios, tanto en el ámbito de la fe presumiendo tener “la verdad moral de lo que Dios quiere para con la humanidad” como desde la ciencia creyendo poseer una inteligencia superior, porque esa, también viene de Dios Quien es superior a todo.
Quizás entre ateos y creyentes no se pueda compartir esa parte de la verdad que es la fe, pero si la pasión por la ciencia donde también se puede encontrar a Dios.
"Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes,
y se las has revelado a pequeños" (Mt 11, 25).
Les dejo también este video del Padre Daniel Pajuelo para quien guste profundizar este tipo de temas.

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Hola hermana, está muy interesante el tema, la fe y la ciencia se complementan desde la misma verdad, todo lo que existe es por Dios, hay otro tema muy interesante sobre la trascendencia después de la muerte, en donde el Padre Manuel Carreira que es un sacerdote jesuita, teólogo, filósofo y astrofísico, el cual aborda este tema desde el punto de vista científico para una mejor comprensión y explicación de nuestra Fe.
Estaré al pendiente de sus nuevas publicaciones. Saludos cordiales