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God of the hills

  • Foto del escritor: CILAC
    CILAC
  • 6 mar 2023
  • 3 Min. de lectura

El año pasado el Señor me dio un gran regalo, un regalo que llevaba en mi corazón mucho tiempo. Me dio la oportunidad de vivir y trabajar en un pequeño pueblo en las montañas. Fueron meses de mucho encuentro y alegría. La última noche ahí, en nuestra ceremonia de despedida, mi jefa nos leyó un poema, del cual una de las estrofas se quedó grabada en mi corazón.


“God of the Hills,

grant me the strength to go back to the cities without faltering,

strength to go back to my daily tasks without tiring and with enthusiasm.

Strenght to help my neighbour who has no hills to remember.”


Un intento de traducción al español sería este:


“Señor de las montañas,

concédeme la fuerza para volver a la ciudad sin desfallecer,

fuerza para volver a mis tareas diarias sin cansancio y con entusiasmo.

Fuerza para ayudar a mi prójimo que no tiene montañas para recordar.”


Una vez que me dijeron esta estrofa, no podía sacarla de mi cabeza. ¿Cuáles son esas montañas que mi prójimo no ha visto? ¿Qué montañas quiero que mi prójimo recuerde? Puedo platicarle sobre las increíbles escaladas y senderismos que realicé en ellas, pero, hay algo más profundo a lo que invita la montaña. El punto de la creación es apuntar a su creador, y las montañas no son la excepción, de hecho, en las montañas lo veo aún más claro que en el resto de la naturaleza, pues sus picos siempre apuntan al cielo. Siempre apuntan a Él. ¡Esa es la montaña que quiero que mi prójimo recuerde! La montaña que es un constante recordatorio que estamos hechos para algo más, la montaña que nos impulsa a salir de nuestras comodidades, la montaña que, aunque tiene dificultades, y el camino puede llegar a ser muy difícil, tiene una vista que vale la pena.


Platicando con un amigo que lleva viviendo 6 años en ese lugar, le pregunté, ¿Qué es lo que más te gusta de vivir aquí? Yo pensé (como estábamos en un país muy desarrollado) me respondería que el sistema de transporte, lo limpias que están las ciudades o la eficiencia del gobierno, pero su respuesta fue “las montañas” continuó diciéndome -la gente no es la misma cuando baja de la montaña, puedes ver como cambia su rostro después de terminar una ruta. ¡Cómo no ser los mismos cuando estamos más cerca del cielo! La montaña nos reta a salir de nosotros mismos para encontrarnos con Él y con los demás. Días después con este mismo amigo y otra buena amiga subimos una montaña que veíamos a diario, otro regalo de la montaña son las conversaciones que podemos tener, la distancia del trayecto permite contar la versión larga de las historias.


Un amigo que también me acompañó durante este tiempo fue Pier Giorgio Frassati (que falleció hace más de 100 años, pero la comunión de los santos hace que lo sienta muy cerca). Pier Giorgio se la vivía en la montaña, era, después de la Eucaristía, su lugar predilecto para encontrarse con Jesús. Pier Giorgio escribió en una de sus cartas: “Cada día mi amor por las montañas crece más y más. Si mis estudios me lo permitieran, pasaría días enteros en las montañas contemplando la grandeza del Creador en ese aire puro.” Pier Giorgio entendía que toda la creación está conspirando para atraer nuestro corazón al de Él.


Pier Giorgio usaba este gran amor que encontraba en las montañas para volver a su ciudad, Turín y contar sobre las maravillas del Señor. La experiencia de la montaña lo impulsaba a ayudar a los demás. Y es que las montañas no solo se suben para uno mismo. Al igual que no somos cristianos solo para nosotros, estamos llamados a salir al encuentro del otro, y ayudar a quien no tiene montañas que recordar. El pensamiento que más me gusta traer a mi mente mientras estoy haciendo senderismo es; ¡esta montaña está hecha para mí! ¡estos grandes árboles fueron hechos pensando en mí!, no hay que olvidar el amor individual que Dios tiene para cada uno de nosotros, un amor que se desborda, un amor más bello que cualquier cosa que podamos admirar aquí en la Tierra.


Te invito a salir a la montaña, a tener un encuentro con Él. Los que vivimos en monterrey tenemos la dicha de vivir rodeados de cerros. Si no tienes conocimientos sobre la montaña puedes revisar los recursos al final del artículo, puedes comenzar con sendas que están muy claras, en las que no ocupas más que ropa cómoda, buenos tenis, agua y un snack. Yo recomiendo traer en la mochila que lleves a tu sendero una pequeña libreta, para anotar alguna reflexión que el Señor te haya inspirado en el camino, también siempre es útil llevar un rosario.


¡Hacia lo alto!


https://www.lacumbrecotidiana.org/


https://www.chipinque.org.mx/


Victoria Lozano López



 
 
 

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