Hablemos de resiliencia…
- CILAC
- 17 mar 2020
- 3 Min. de lectura
“A un hombre le pueden robar todo, menos una cosa, la última de las libertades del ser humano, la elección de su propia actitud ante cualquier tipo de circunstancias, la elección del propio camino” Victor Frankl
En medio de una contingencia sanitaria, ante una enfermedad que poco conocemos y planes de acción inestables, es fácil llegar a sentirnos con estrés o ansiedad. Aunado a la sobrecarga de información que podemos estar recibiendo de diferentes medios de comunicación, nos puede ser complicado mantener la calma y ver el lado positivo de esta situación.
La resiliencia es la capacidad de afrontar una situación adversa, aprender de ella y regresar a un estado de tranquilidad. Podemos decir que una persona resiliente conoce sus fortalezas y áreas de oportunidad, está en contacto con sus emociones, es asertiva, empática, tiene capacidad para resolver conflictos, aprender de ellos, entre otras características más. La resiliencia no es algo que se tiene, sino que se desarrolla conforme vamos enfrentando las diferentes situaciones que presenta la vida como la muerte de algún familiar, un despido, una pérdida económica, etc. Nuestros niños también enfrentan situaciones que los orillan a poner estas habilidades en práctica como un examen, la pérdida de una mascota, separación de sus padres, etc.
Esta situación por la que estamos pasando es una excelente oportunidad para ayudar a nuestros niños a desarrollar la resiliencia. Desde ayudarlos a comprender que es el COVID-19 y las medidas que tienen que tomarse, hasta cómo mantenerse en calma los días que estarán en resguardo en casa.
Les comparto algunas recomendaciones:
Platicar con nuestros hijos. Preguntarles qué conocen del tema y pedirles que externen sus dudas, ellos están expuestos a casi la misma información que nosotros y el estrés o temor que nosotros sentimos, ellos pueden sentirlo también. Es importante que al hacerlo, respondamos sus dudas de manera concreta, además de validar lo que puedan estar sintiendo y ayudarles a comprender que en la compañía de sus padres o cuidadores podrán enfrentar esta situación.
Involucrarlos en las medidas preventivas. Expliquemos a los niños cuáles son las medidas a seguir y planear con ellos como llevarlas a cabo. Por ejemplo: ¿cómo le podemos hacer para recordar que tenemos que lavarnos las manos con agua y jabón? ¿Dónde podemos colocar el gel antibacterial?, etc.
Establecer una rutina. Los días en casa pueden volverse tediosos cuando solo se trata de esperar. Es importante cuidar los horarios de sueño, alimentación y aseo. Limitar el uso de pantallas e internet. Involucrar a los niños en la planeación de las actividades y el orden del día, les ayudará a ellos a comprometerse en el cumplimiento del mismo. Realizar actividades físicas y artísticas, así como dar tiempo también para orar y conectarse con Dios, son actividades y momentos que permiten a los niños y adultos a canalizar las emociones que veces no se pueden expresar.
Ayudar. Cuando damos la oportunidad a nuestros niños de ayudar a alguien más, estamos contribuyendo al desarrollo de la empatía. Podemos permitirles que colaboren en las tareas del hogar. Incluso también aprovechar el tiempo en casa y seleccionar ropa y juguetes que pueden ser donados más adelante. Ayudar a reciclar la basura o cuidar las plantas que tengamos en casa.
Mantener comunicación con nuestros seres queridos y sobre todo mantener la calma. Recordemos que nosotros somos los modelos y figuras de apego de nuestros niños, nuestras acciones, nuestras palabras y expresiones van formando en ellos la actitud ante las situaciones adversas.
Estas pequeñas acciones ayudarán a nuestros niños a sentir estabilidad en estos días de incertidumbre y así poder asimilar lo que sucede a su alrededor.
Uno de los factores que permite salir delante de una situación adversa es la convicción de que nuestra actitud determina como percibimos las circunstancias por las que atravesamos, quizá aun se ve un panorama incierto; sin embargo, si elegimos ver esto como una oportunidad para aprender y contribuir, podemos conectarnos con nuestros hijos, cuidar a nuestros familiares y amigos, unirnos a nuestra comunidad y contribuir en la contención de la propagación del virus. Además tengamos en mente que lo “bueno” de las situaciones adversas, es que son pasajeras, nos obligan a salir de nuestra zona de confort, pero después de ellas, aprendemos, crecemos, mejoramos.
Lic. Vanessa Catalina González Huerta
Departamento de Psicopedagogía
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