Hace falta una Madre
- CILAC
- 14 nov 2022
- 3 Min. de lectura
Hace ya muchos años leí un libro titulado “Hace falta un muchacho” de Arturo Cuyas. El título, como el mismo autor lo explica, parte del anuncio o letrero que aparece en algunas tiendas solicitando personal, un muchacho para trabajar, con todo lo que se espera de él. Del mismo modo Arturo Cuyas escribe el libro solicitando jóvenes para el mundo, para la sociedad. A lo largo del libro, de modo inspirador, interpela a los jóvenes a formar el corazón, la inteligencia y la voluntad en miras de ser en un futuro hombres de bien, para sí mismos, para los suyos y para la sociedad.
Dicho libro es un texto que tengo muy presente, y que quizás por eso en días pasados me vino una fuerte llamada interior “hace falta una Madre”. Quién de los que rondamos los cuarenta o más años no recordamos el llegar a casa y oler la comida de mamá, y mientras comíamos escuchar ¿cómo te fue en la escuela? Para luego dar rienda a una plática que llegaba a la sobremesa. O bien cuando mamá estaba ausente sentir que faltaba el alma de la casa y que al llegar por fin se sentía que el hogar estaba completo. Mamá no era una amiga … era mamá y no había quien ocupara su lugar por más amigas o amigos que se tuvieran. Y no solo se trata de actos o acciones domésticas, sino de un espíritu de acogida, de saber que para mamá nada podía ir antes que sus hijos, lo mismo si eran tres o nueve.
Soy mujer profesionista y siempre desde mi juventud he defendido el papel de la mujer en el mundo profesional, y lo seguiré haciendo. Con estas líneas no quiero contradecirme, pero sí veo que el mundo, especialmente nuestros niños, en general, no han tenido la experiencia de maternidad que las generaciones anteriores tuvimos. Y aunque también podríamos decir “hace falta un padre”, no podemos negar el papel intransferible que tiene la madre en la familia.
No solo hablo sobre la falta de espíritu maternal en la mujer que trabaja, también en la que está en casa, pues el celular y la influencia de los medios nos han hecho más dispersas y menos capaces de escuchar a nuestros niños, leer en sus rostros sus anhelos, necesidades, dificultades…; nos han hecho menos capaces de disfrutar y descansar el estar con ellos y no a pesar de ellos. Nos han hecho olvidar que el auténtico desarrollo personal incluye la maternidad.
Es solo una percepción, pero creo que, en busca de un rol o roles en el mucho profesional, las mujeres hemos olvidado nuestra esencia, ese espíritu maternal que existe en todas, aunque no se tengan hijos biológicos, ya sea porque es soltera, religiosa,Leo en la mujer actual una lucha contra su ser madre, por un lado, se ve como una carga que se rehúye y por otra, hay un sentido de culpa que compensa en quererle dar todo lo material sin límites a los hijos, cuando lo que ellos, sin saberlo, lo que piden es atención, escucha, presencia.
o por circunstancias diversas. Las mujeres tenemos un don muy especial que dar al mundo, vestirlo de ternura, de acogida. Hace falta una Madre en los hogares, hace falta una Madre en la vida religiosa, hace falta una Madre en la sociedad. Mujer no pierdas tu valor.
Excogitatoris
Hna. Celia Alejandra Durán Velázquez MC
Muy cierto todo lo que menciona en este articulo Hna!!!! Gracias por compartir