Los sueños son un don de Dios
- CILAC
- 11 nov 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 4 feb 2020
¿Alguna vez te has puesto a pensar de dónde vienen tus sueños? ¿Te has preguntado el porqué tienes deseos que han permanecido a lo largo de toda tu vida? ¿Tan siquiera te has puesto a pensar en lo que verdaderamente desea tu corazón?
Tal vez por la infinidad de todas tus actividades diarias, preocupaciones, deudas, etc. no te has dado el tiempo de pensar ¿estoy haciendo lo que verdaderamente siempre deseé? ¿Estoy feliz con lo que he hecho y he logrado hasta este momento de mi vida?
La NO realización de pequeños o grandes proyectos en nuestra vida nos traen un sentimiento de tristeza e insatisfacción y se va acumulando en nuestro interior que incluso puede llegar a afectar nuestro estado de ánimo, ¿pero, por qué? ¿Por qué me siento así cada vez que dejo algo inconcluso o que ni siquiera comienzo?
Esto se debe a que probablemente no estás haciendo algo que Dios quiere regalarte a través de la realización de tus sueños, tal vez te estas preguntando ¿pero qué tiene que ver Dios con todo esto? Realmente tiene que ver TODO, porque los sueños al igual que tus talentos son dones que Dios ha infundido en tu corazón desde que te dio el soplo de vida.
Distinguir entre los sueños que vienen y o no de Dios, es una tarea complicada pero no imposible. Los sueños que son de Dios te dan paz, fomentan la fraternidad, la alegría y te hacen pensar en tu bienestar y en el de los demás, siempre irán ligados con tus talentos; los talentos son esas cosas que te apasionan, que sabes hacer muy bien y que tienes la facilidad de realizarlas.
Los sueños pequeños o grandes siempre tendrán la necesidad de Dios porque sin Él pueden convertirse en espejismos, tratarlos de hacer por ti mismo puede ser algo peligroso, pero con el Señor no debes tener miedo, estos sueños a veces pueden parecer imposibles, pero recuerda que para Dios nada es imposible. Nunca dejes de soñar, porque es una hermosa manera por medio de la cual Dios se comunica contigo y con los demás a través de ti.
Dios te quiere feliz, quiere que escuches tu corazón, porque es como Él te habla día con día, siguiendo esos sueños que ha infundido en tu corazón es el camino a la santidad, el camino a la salvación.
Para alcanzar un sueño deberás trabajar mucho y no siempre será fácil, requiere sacrificios, dedicación, esfuerzo, constancia, disciplina, desvelos, a veces hasta lágrimas porque en el camino a veces hay cansancio, tendrás días nublados y lluviosos, a veces no podrás distinguir la presencia de Dios por el agotamiento físico, pero recuerda que el Señor aún en el silencio esta obrando en tu corazón, en tu mente y en tu vida. Tendrás que trabajar en las virtudes y deberás poner en práctica tantas cosas que no te gustan hacer pero recuerda el trabajo es camino de santificación y la santificación es obra de toda la vida.
Al ir alcanzando cada uno de esos sueños que hay en tu corazón podrás experimentar una felicidad impresionante, una alegría que no se puede explicar, vale la pena luchar tanto por cada uno de esos sueños porque nos traen un encuentro tan cercano con el Señor que te dejará una gran paz y un gran descanso al alma y al corazón. No esperes más para comenzar a luchar por eso que siempre has deseado, ignorarlo sería como darle la espalda a la felicidad que Dios quiere regalarte.
Comienza hoy mismo a discernir cuáles sueños de todos los que tienes son regalos del creador para ti, un consejo de discernimiento un poco extremo pero en lo personal me ha ayudado mucho, es pensar en la hora de la muerte, verte a ti mismo a punto de morir e imaginarse qué es lo que uno en aquel momento de la verdad, quisiera haber escogido: ser religioso/a, sacerdote, santo, trabajador infatigable por las almas, hombre o mujer de oración, misionero, formar un matrimonio, tener una familia, etc. Trata de ver si cada movimiento o inclinación de tu corazón te llevará a la presencia de Cristo.
Hay que actuar porque dejar que las cosas sigan su curso sin intervenir directamente es algo que la mayoría de las veces nunca nos conducen al fin deseado. La NO – DECISIÓN es la peor de las decisiones. Es hora de luchar por aquello que Dios quiere regalarte a través de tus sueños para que vivas pleno.

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