Mi testimonio misionero
- CILAC
- 31 oct 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 5 feb 2020
Ser misionero no es una actividad, ni un pasatiempo, es un estilo de vida.
Y pensar que fui por curiosidad, para explorar, para “enseñar” sobre mi fe, sobre Dios, sobre la Iglesia, para poder ser un “misionero”.
¿Cómo iba saber yo que me enseñarían ellos a mí? Quedé encantado de la humildad de esa gente, la fe enorme que ellos tienen, quedé maravillado su sencillez y alegría, a pesar de tener muy poco eran sumamente agradecidos. Mi primera misión la recuerdo con cariño, Morelia, en un ejido llamado Buena Vista, fui con los Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal (MCIU), Semana Santa del 2014. A pesar de que hubo situaciones no tan alegres, algunos berrinches, corajes y discusiones, todo queda en segundo plano al ver la cara de alegría de los niños en las catequesis, al ver la sonrisa de esa señora ante el Santísimo, al sentir el abrazo de ese joven que está agradecido por tu visita.
Yo me preguntaba ¿por qué están agradecidos conmigo si fui yo quien aprendió de ustedes? Yo soy quien debería darles las gracias. La respuesta era fácil: Dios, pues Él es quien hace todo, quien te pone en ese lugar, en esa situación, quien te da las palabras que necesitas en ese momento, todo es obra suya.
Tuvo tanto impacto en mi que no me puedo negar a ir de misiones, no he parado desde entonces, pasando por las misiones de mi preparatoria, Misión Marista Juvenil (MMJ), y actualmente en Alma Misionera (AM). Pienso yo que es una manera de “pagarle” a Dios por todas las bendiciones que ha puesto en mi vida; sin embargo, Él me regala más y más, cada vez que voy me llena de alegrías, me llena de experiencias y conocimientos nuevos, le quiero dar más y Él me lo regresa multiplicado, porque así de generoso es Dios.
Todo muy bonito, una semana llena de alegrías y bendiciones, ya sea en Semana Santa, verano o Navidad, pero ser misionero no solo es una semana, ser misionero no se queda en el pueblo, tienes que ser misionero en tu día a día, ahí es donde está lo realmente complicado. Es muy fácil ir ahí, un ejido donde nadie te conoce y hablar de Dios, de las bendiciones que te da, de su amor, pero ¿y en tu casa? ¿En tu trabajo? ¿En tu escuela? ¿Con tus amigos? ¿Con tus familiares? A veces tenemos mas trabajo de misión en nuestros hogares que afuera de ellos.
Por eso ser misionero no solo es un pasatiempo, no solo es una buena obra, no es una actividad cualquiera, es un estilo de vida, a donde vayas tienes que llevar la buena nueva, con tu ejemplo, con tu forma de tratar al prójimo, con lo que dices, con lo que haces, somos la cara de la Iglesia, tenemos que reflejar a Cristo donde sea que vayamos, esa es la verdadera misión.
Espero algún día te animes a ir de misiones, es una de las experiencias mas hermosas que yo he tenido en mi vida, implica preparación, implica sacrificio, pero lo vale por completo. Dale ese “sí” a Dios como lo hizo María, que ella es nuestro ejemplo, ella es la primera Misionera, la primera en llevar a la “Buena Nueva”, cuando vistió a su prima Santa Isabel y esta se llenó de alegría. Dios la recompensó haciéndola Reina del Cielo.
Mi nombre es Ricardo Santos Ron y ser misionero es la mejor decisión que he tomado en mi vida.

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