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MisionES

  • Foto del escritor: CILAC
    CILAC
  • 24 oct 2022
  • 3 Min. de lectura

Misiones cristianas, ¿qué viene a tu mente al escuchar esto? Quizá alguna de las siguientes ideas: ir lejos de la ciudad de origen para ayudar a otras personas, prestar un servicio, actividad que realizan personas consagradas, es un sacrificio, se lleva a cabo durante un tiempo determinado… entre otras. Algo hay de eso, pero la misión no es más que un acto de amor, y sobre todo un auto regalo de quienes deciden vivir la experiencia.


Si bien existen misiones que consisten en ir a un lugar específico y llevar a cabo acciones de servicio al prójimo transmitiendo el amor de Dios. Yo te pregunto: realmente ¿quién ayuda a quién?, como decía Madre María Inés “Él nunca se deja ganar en generosidad”. Al vivir la misión surgen ¡tantas experiencias que dejan frutos significativos en el corazón de cada misionero! Desde llegar a un lugar desconocido donde en muchas ocasiones las personas te reciben como un familiar más, dan a manos llenas lo mucho o poco que tienen, te comparten su vida e historia. Tienes la oportunidad de ver otras realidades fuera de la propia área de confort, y es ahí donde el misionero aprende la verdadera fe y confianza en Dios; que Él siempre se hace presente y, a pesar de cualquier dificultad, nunca abandona a ninguno de sus hijos.


La tierra de misión hace crecer la esperanza, la caridad y la gratitud. Esperanza en Dios, caridad en el servicio a los demás y la gratitud en todos los bienes espirituales recibidos.


Pero entonces ¿las misiones son solo para algunas personas? Recuerda que la misión es un acto de amor cuyo principal objetivo es compartir a Cristo y darse a los demás en servicio. ¿Dónde? En todo lugar, ¿cuándo? En todo momento, ¿cómo? A su imagen y semejanza.


Ir a una tierra específica de misión claro que es una experiencia extraordinaria cuando se vaya con un corazón dispuesto, pero también es una acción extraordinaria practicar la caridad con nuestra gente, las personas cercanas, familia, vecinos, compañeros de trabajo, las que se encuentran en nuestra comunidad.


¨Predicar el evangelio en todo momento y cuando sea necesario, utilizar las palabras”, esta frase de San Francisco de Asís es tan idónea al hablar de misión. Con nuestra simple actitud, sin realizar más, podemos transmitir tanto.


Te aseguro que si caminas tan sólo una calle en donde vives podrás encontrar a más de una persona con alguna necesidad, puede ser una persona que necesita alimento, vestimenta, medicamento, o bien que necesita ser escuchada, que se siente sola, que está atravesando un momento de tristeza, preocupación o miedo, que necesita una sonrisa o un sencillo gesto de empatía para sentir fortaleza. Qué gran instrumento de Dios podemos ser y a veces no nos damos cuenta de cuántas oportunidades tenemos para hacer el bien.


Misioneros debemos ser todos los que creemos en Cristo, desde la propia vocación, el sacerdocio, vida consagrada o laica porque Dios no limita su amor, entonces ¿por qué nosotros sí nos limitamos? Todos hemos recibido el amor de Dios a través de nuestra familia, amigos, trabajo, en alguna situación difícil o de felicidad, por lo tanto, no podemos callar lo que hemos experimentado ni reservarlo sino compartirlo, darnos a los demás para que pueda dar fruto. Lo que se estanca se vuelve de poco provecho, como el agua, cuando se queda en un solo lugar, se pudre, huele mal, en ocasiones se convierte en inservible, en cambio cuando corre lleva consigo vida a otros seres, a las personas, plantas, animales. Ojalá nuestra vida pueda ser así, servir a los demás y aportar en sus vidas, no para ser importantes nosotros sino para hacerlo crecer a Él, compartir la vida, la fe y el amor, esa es la verdadera misión ¿Podrás cumplirla?


Por último, te invito a hacerte estas preguntas que Madre María Inés nos propone:


«Mi oración ¿es misionera?, mi adoración ¿es misionera?, mi trabajo, cualquiera que sea, ¿le doy una dimensión misionera?, mii vida entera, mis actitudes, mi comportamiento, mi mentalidad entera, ¿es misionera?» (Madre María Inés Teresa Arias, Carta circular del 14 de abril de 1974).


Izet Vanessa Martínez

Maestra de Primaria Menor, vanclarista.




 
 
 

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