Para no vivir al día: haciendo un Proyecto de Vida
- CILAC
- 25 nov 2019
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 4 feb 2020
El miércoles 23 de octubre, tuve la dicha de participar en el curso de Inducción con los padres de familia de nuevo ingreso, una experiencia diferente y enriquecedora. Ahí realizamos una dinámica en la que los papás comenzaron a hacer un borrador de su proyecto de vida; fue una muy buena oportunidad, pues se sentía un ambiente de reflexión y receptividad. Después compartieron cómo nos hace falta, en general, tener un plan ya que muchas veces vamos viviendo al día. Al final, muchos nos agradecieron y nos compartieron lo que más les impactó, así que pensé... ¿y por qué no? Compartamos el tema con todos...
“Proyecto de vida” suena tal vez a algo que hemos escuchado y, a grandes rasgos, podemos imaginar a qué se refiere, pero no estaría mal aclarar qué es: una oportunidad para establecer metas, visualizar sueños, plantearnos objetivos, vislumbrar directrices que nos orienten para seguir lo que buscamos en la vida. Puede parecer utópico o muy abstracto, pero podemos compararlo con una brújula: para quien la sabe usar es de gran utilidad, incluso cuando pareciera estar perdido.
Ninguno de nosotros está en el mundo por casualidad y sin razón, todos tenemos una misión, algo en lo que encontraremos la felicidad, y, por qué o decirlo, a Dios y la Salvación. El detalle está en descubrirlo para orientar a eso nuestra vida. Referente a esto y a modo de paréntesis, me parece importante aclarar que el que tengamos una misión no es lo mismo que decir un “destino escrito y fijado” que seguiremos a pesar de todo a costa de nuestra libertad, sino que es un punto al que nos conviene llegar y para lo cual cada uno habremos de forjar nuestro camino en libertad con la gracia y ayuda de Dios.
Pero ¿cómo hacer esto? La respuesta está en nosotros, en nuestros anhelos, gustos, intereses, etc. Podemos reflexionar algunas preguntas que nos guiarán, por ejemplo: ¿con quién deseo compartir mi vida? ¿Estoy preparado para el futuro? ¿Dónde estaré en los próximos 5 ó 10 años? ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿Cómo deseo utilizar mi tiempo? ¿Qué estilo de vida deseo tener? ¿Qué estoy dispuesto a hacer para lograr mis metas? ¿Alcanzaré el éxito o fracasaré en mis actividades? Cada pregunta necesita su reflexión para profundizar en el sentido que daremos a nuestra vida.
Conforme vamos profundizando y descubriendo la respuesta a dichas preguntas, viene un segundo paso muy importante: tomar decisiones (pequeñas y grandes), aclarar objetivos realistas y concretos, para tomar un tercer paso: actuar según las decisiones y objetivos, es decir, seguir la brújula.
Como personas que somos, tenemos distintas esferas o áreas, y todas ellas nos conforman, tanto en lo personal como en lo familiar, por lo tanto, hemos de conocerlas, valorarlas y tomarlas en cuenta con un sano equilibrio al momento de hacer un proyecto de vida, estas áreas son:
Área afectiva: la satisfacción de nuestras necesidades de afecto y pertenencia, la forma de dar y recibir amor tanto en nuestras relaciones sociales y como personales.
Área profesional: valoración de la carrera o actividad laboral donde queremos desarrollarnos en un futuro, así como el desarrollo de habilidades en el trabajo, recibir capacitación y adiestramiento, obtener un estatus como trabajador, tener un negocio propio o ser gerente de una empresa, etc.
Área social: forma de relacionarnos y proyectarnos con los demás, así como la aprobación social y el hacer nuevas amistades.
Área espiritual: forma de proyectar nuestra vida interior, valores, ideales, creencias religiosas y forma en que manifestamos nuestra religiosidad.
Área material: los bienes materiales y físicos que deseamos lograr en un futuro, por ejemplo: una casa, automóvil, ropa, calzado, viajes, diversiones, dinero, etc.
Área física: El bienestar físico y personal, como lo es la salud y hacer ejercicio.
Muy bien, hasta aquí hemos visto a grandes rasgos qué es un proyecto de vida, cómo iniciar, y qué áreas contemplar, ahora veamos cómo concretizarlo un poco más. Para esto tomaremos 3 aspectos que tal vez ya has oído: misión, visión y metas.
VISIÓN: es el panorama, una imagen de nuestra proyección a futuro que guía nuestro proyecto de vida, para reducir el riesgo de perderse. Es a lo que espero llegar.
MISIÓN: se deriva de la visión y se centra en aquello que interviene para conseguir los objetivos, proyectos o planes, es decir, los propósitos, las acciones, personas, etc. Ésta ha de ser redactada de manera concreta y debe ser visible el éxito de la labor.
METAS: son los logros a lo largo del camino. Estás ayudan a mantenernos en marcha y viendo su cumplimiento nos alientan, elevan la autoestima, la moral y nos impulsan a ser mejores y seguir adelante. Las metas deben ser flexibles, dando lugar a cambios en la estrategia para alcanzarlas contemplando nuestra realidad y circunstancias. Es muy importante estar alerta ante aquello (situaciones o personas) que nos impidan el cumplimiento.
Es recomendable hacerlo por escrito, de tal modo que sea palpable y podamos acudir a él y tenerlo claro. Su redacción debe ser sencilla, clara, concreta, coherente, con continuidad y de tal modo que sea evaluable. El llevarlo a cabo implica responsabilidad, vigor, entusiasmo, actitud positiva y visión.
A modo de conclusión, veamos a grandes rasgos; ¿qué ventajas hay en tener un proyecto de vida? En primer lugar, nos muestra un camino a seguir, al tiempo que unifica la vida alrededor de Cristo permitiéndonos descubrir la voluntad de Dios en la vida cotidiana a través de la oración, el trabajo y la familia; dándonos así una dirección para vivir lo esencial. También permite evaluar la vida y ser responsable de ella.
Espero que esto les sea útil y los invito a arriesgarse y tener valor para aceptar la aventura de hacer un proyecto de vida, sí personal pero también familiar. Para eso les compartimos un formato con preguntas y directrices que los orientarán en este proceso.

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