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Se venden sueños: Discurso Graduación Primaria 2019

  • Foto del escritor: H. Liz Mendoza MC
    H. Liz Mendoza MC
  • 18 jun 2019
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 12 sept 2022

Queridos alumnos:


Hoy es un día muy especial, terminan una etapa más, la primaria, para iniciar una nueva, una etapa llena de retos y sueños, la secundaria. La primaria ha dejado en ustedes muchos recuerdos y amistades. Con frecuencia, cuando platico con algunos de ustedes o sus maestros escucho algunos temores sobre la secundaria, sobre todo, las tareas, algunos piensan que será muy difícil o que no van a poder. Chicos, inicien una nueva etapa retándose ustedes mismos, no se den por derrotados antes de empezar. Sueñen a lo grande, pero no sueños ligeros, sino sueños profundos. Quiero para reflexionar en esto compartir una historia con ustedes. Esta historia se las conté a los de 6º A, pero es una historia que, en lo personal, me gustó mucho, quiero retomarla con ustedes y que la escuchen sus papás:


Un niño se encontró un día delante de una tienda cuyo rótulo decía: SE VENDEN SUEÑOS. Lleno de curiosidad, sin pensarlo dos veces, entró en la tienda. Vaya desilusión. La tienda estaba vacía, ni mostrador ni cajas ni estanterías… Nada de nada. Estaba a punto de marcharse cuando por arte de los sueños, apareció una anciana que le preguntó:


— ¿Deseas algo? — Hola. No, no. O sí, bueno, no sé… Es que he leído lo que ponía en el escaparate, pero veo que andan de reformas.


— No, no —le sonrió la anciana— es que los sueños los tenemos en el interior. No paran quietos, apenas alguien abre la puerta y ya quieren echar a volar. Te voy a enseñar los tipos de sueños que tenemos a ver si te gusta alguno y te lo llevas. En esta bolsa tengo medio kilo de sueños con jaqueca. Sí, no pongas esa cara, la gente me los quita de las manos… Y sueñan y sueñan con grandes momentos, ser famoso, tener cosas, triunfar en la vida… pero cuando despiertan tienen un dolor de cabeza que no se aguantan de pie. En esta bolsa hay un kilo y medio de sueños con agallas. Estos los compran los chicos buenos pero al final estos sueños revolucionarios se reducen a poca cosa, una moto, la última moda del mercado, o el último teléfono celular. En esta bolsa hay dos kilos de sueños light, sueños sin azúcar, sin conservantes pero también sin locura, sin juventud, sin vida… muy flojitos, no llevan a ningún sitio. Finalmente esta última bolsa contiene tres kilos de sueños marineros. Los que compran estos sueños se pasan la vida navegando por internet, sin levantarse de la silla y sin despegar la vista del ordenador, viviendo la vida de los demás, pero sin tener vida propia. Tengo otros muchos pero…


— ¿Y cuál es el sueño más grande que tiene, aquel que usted considere más importante?—le preguntó el niño.


— ¿El sueño más grande? No creo que te interese, pero te lo voy a decir: el sueño más grande es el sueño de Dios. — ¿El sueño de Dios? ¿Y cómo es? ¿Cuánto pesa? ¿Me lo podría mostrar?


La anciana se le acercó y le dijo al oído -El sueño de Dios debe pesar unos 35 kilos.


— ¡Qué casualidad! —dijo el niño— lo mismo que yo.


— ¿En serio? —sonrió la anciana—. ¿Sabes? Es que el sueño de Dios eres precisamente, tú.


En esta vida todos tenemos sueños, pregúntate un momento, ¿cuál es tu más grande sueño? Pero no sueños ligeros: tener cosas, ser rico, ser más que los demás, todo eso nos lo pueden quitar. Pregúntate, ¿cuáles son en realidad tus sueños, tus deseos más profundos? ¿No serán acaso amar y ser amado? ¿Qué tus papás compartan tiempo de calidad contigo? ¿Ser feliz? Recordemos que hay cosas que nos dan alegrías pasajeras y otras alegrías de larga duración. Nuestros sueños o deseos profundos reflejan en nosotros algo más grande, algo en nosotros que aspira a alegrías de larga duración. ¿Y esto, por qué? Porque tú, yo, todos nosotros, somos el sueño de Dios. Decía Madre María Inés que somos un pensamiento de Dios, un latido de su corazón. Ustedes están hechos para grandes cosas, Dios sueña para ustedes que sean santos, que sean hombres y mujeres de bien que cambien el mundo. He compartido algunos momentos con ustedes y me he dado cuenta de algunas cosas que les quiero hacer notar. Me he dado cuenta de que para ustedes es fácil burlarse, se ha normalizado para ustedes reírse de los demás, hablarse de manera ruda y agresiva, gritar de manera exagerada, comer sin medida y por ansiedad, dormir poco por navegar en internet. Chicos, son pequeñas cosas que poco a poco irán empequeñeciendo su capacidad de soñar a lo grande. Si cada uno de ustedes se siente el sueño de Dios deberá también sentir que mi compañero, mi compañera es también un sueño de Dios, está llamado a grandes cosas y por ello merece mi respeto. No se acostumbren a faltarse al respeto, a tener un trato agresivo, no los juzgo, pero aprendan a preguntarse, ¿mi modo de actuar es el mejor? ¿Lo que digo o hago ayuda a mi compañero, compañera a ser mejor, a cumplir el sueño de Dios en ella? Sepan que las hermanas, maestros y papás queremos ayudarles a cumplir el sueño de Dios en cada uno de ustedes. No se sientan solos, siempre habrá quien les acompañe y eviten conformarse con las cosas del mundo, pues están llamados a cosas del cielo.


Queridos papás, requerimos de todo su apoyo en la formación de estos preadolescentes que están próximos a iniciar su secundaria. Somos nosotros, los adultos, los que debemos abrirles espacios para soñar, darles seguridades que les permitan tener los pies en la tierra y los ojos en el cielo. Quiero compartir con ustedes una profunda preocupación. Percibimos cada vez más a los chicos que se sienten solos, poco escuchados. Me llama la atención que cada vez duermen menos y comen desordenadamente y nos dicen que por ansiedad. Vemos un incremento en esto. Tenemos un contexto retador, pero el amor debe ser más grande que nuestros temores y limitaciones para poderlos guiar por el camino del bien y de la verdad. Quiero compartirles una frase que el Papa Francisco dirigió a los adultos en un discurso a los jóvenes:


No queremos ofrecerles a ustedes (los jóvenes) un futuro de laboratorio. Es la “ficción” de alegría, no la alegría del hoy, del concreto, del amor. Y así, con esta ficción de la alegría los “tranquilizamos” y adormecemos para que no hagan ruido, para que no molesten mucho, para que no se pregunten ni pregunten, para que no se cuestionen ni cuestionen; y en ese “mientras tanto” sus sueños pierden vuelo, se vuelven rastreros, comienzan a dormirse, son “ensoñamientos” pequeños y tristes (cf. Homilía del Domingo de Ramos, 25 marzo 2018), tan solo porque consideramos o consideran que todavía no es su ahora; que son demasiado jóvenes para involucrarse en soñar y trabajar el mañana, y así los seguimos procrastinando, y saben una cosa, que a muchos jóvenes esto les gusta. Por favor, ayudémosle a que no les gusten, a que se rebelen, a que quieran vivir el ahora de Dios.(Homilía 27 de enero, JMJ Panamá 2019).


Escuchemos a nuestros hijos y alumnos, cuestionémoslos, ayudémoslos a soñar en grande, a no conformarse, a ponerse retos, confiemos en ellos, propongámosles mejores contenidos que consumir en la red y, sobre todo, mejores ejemplos con nuestras vidas, conversaciones y acciones. Que Dios los bendiga en su misión de padres y a ustedes, chicos, que Dios los acompañe en esta nueva etapa. Los queremos mucho y cuenten con nosotros.


Lux est vita




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