Sígueme: hermana y médico
- Cilac2019
- 21 feb 2020
- 5 Min. de lectura
Martes: 5:15 a.m., se escucha una campana y alguien que dice “Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo”, se oyen voces que contestan “Sea por siempre bendito y alabado”. Me meto a bañar, hago el aseo del cuarto y a las 5:50 salgo, veo religiosas caminando por el pasillo en silencio hacia la capilla. Dan las 6:00 y empezamos a rezar el ofrecimiento y ángelus, posteriormente la oración de invocación al Espíritu Santo y luego todo en silencio, una hora en que cada una eleva a Dios su corazón. A las 7:00 a.m. empieza la Santa Misa, posteriormente rezamos el Oficio Divino, salimos de la capilla y cada una se dirige a hacer su barrido (aseo de la casa correspondiente). Aproximadamente a las 8:45 suena la campana que nos indica que el desayuno está listo, acudimos al comedor y tomamos los alimentos, a las 9:30 acudimos a nuestra adoración, media hora ante Jesús Sacramentado. A las 10:00 comienzan nuestras clases, 18 novicias, 9 de primer año y 9 de segundo año, hoy tenemos clase de Sagradas Escrituras, Teología Moral y Liturgia. A la 1:30 p.m. acaban las clases y vamos a la capilla a rezar sexta, posteriormente salimos a comer. Acabando, junto con otras 5 de mis hermanas nos ponemos a hacer masas para las galletas que hornearemos mañana para vender, hacemos de naranja, almendra y nuez. A las 4:00 las novicias acudimos a la conferencia, una hora donde aprendemos acerca de la espiritualidad y carisma de nuestra Congregación o de documentos de la Iglesia o de nuestra formación como Misioneras Clarisas. A las 5:00 es nuestra hora de recreo, algunas jugamos volleyball o a veces fútbol, otras juegos de mesa como damas chinas. A las 6:00 entramos a capilla a rezar el Rosario, posteriormente vísperas y completas, al terminar vamos a cenar, acabando tenemos ensayo de canto donde unas tocan guitarra, otras teclado y otras sólo alabamos a Dios con nuestra voz. Es el final del día, nos dirigimos en silencio a nuestros cuartos donde hacemos media hora de lectura espiritual y después descansar. Gracias Señor por un día más, lleno de tu amor y misericordia con esta pequeña tuya y me pregunto ¿cómo le hiciste para tenerme aquí?

Todo empezó en el 2011, bueno cabe mencionar que estudié primaria y secundaria en el Colegio Isabel La Católica de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, que fue donde las conocí. Cursaba el 2do semestre de preparatoria y volví a entrar al grupo misionero Vanclar (Vanguardias Clarisas, rama de laicos de la Familia Inesiana), era el mes de enero, llevaba 2 sábados que acudía al grupo y la coordinadora me habló por teléfono para invitarme a un retiro, no sabía de qué era ni de que se trataba pero le dije que pediría permiso y que le devolvería la llamada; le hablé a mi mejor amiga, que también iba al grupo, para preguntarle si iría y me contestó que sí, así que le hablé a la coordinadora para confirmarle mi asistencia. Llego el día, fuimos al retiro y resultó ser vocacional, al final escuchamos el testimonio de dos jóvenes que pronto ingresarían al convento a una congregación misionera, que dejarían todo para consagrarse a Dios, con el cual yo me quedé asombrada, por mi mente pasaban tantas cosas: ¿Cómo que existe algo más que el matrimonio? ¿Cómo ellas entregarán la vida por Dios y serán consagradas? ¿Cómo pueden ser tan felices con esa decisión que tomaron? Era algo nuevo para mí que jamás me había planteado, pero me encantaba, yo también quería, quería dejarlo todo para entregarme a Dios, ser enviada a una misión, en ese momento me imaginaba de misiones en África, era una pequeña de 15 años a pocos meses de cumplir los 16.

Durante el camino de regreso, le comenté a mi mejor amiga, Jessica, lo que había pensado, así que le propuse que las dos nos fuéramos de religiosas a lo que tranquilamente me contestó que sí. Llegué a mi casa y le comenté a mis papás todo lo acontecido, esperando una respuesta favorable, pero su contestación fue que primero tendría que terminar mis estudios, así que seguí asistiendo a Vanclar, conociendo la espiritualidad inesiana como seglar, y acudiendo en ocasiones al convento con la promotora. En el 2012 iba a terminar la preparatoria y seguía teniendo la inquietud así que les volví a comunicar a mis padres mi deseo a lo que me dijeron que primero tendría que realizar una carrera universitaria, a lo cual acepté pensando que serviría mejor a Dios si tuviera mis estudios universitarios. Por gracia de Dios comencé la carrera de Médico Cirujano y Partero en la UANL, mientras seguía en Vanclar donde tuve la oportunidad cada año de acudir a misiones de Semana Santa, donde llevábamos la palabra de Dios a lugares necesitados y el compartir con las personas me hacía ver la necesidad tan grande en el mundo que hay de personas que lleven y hablen de Dios, que les haga sentir el amor del Padre hacia todos sus hijos. La semilla de la vocación seguía creciendo en mi corazón y a pesar de los apostolados y actividades que realizábamos en el grupo, me seguía quedando con ganas de algo más. Me gustaba mucho lo que estudiaba, cuando pasé a los años donde realizábamos prácticas en el hospital, me gustaba estar cerca de las personas, el ver como podíamos aliviar un poco de su dolor, sentía que podía hacer algo por las personas.
En el 2016 entré al Proceso Vocacional en el Centro Vocacional de la Arquidiócesis de Monterrey, ya habían pasado varios años desde que sentí la llamada pero quería descubrir a que me llamaba y donde quería que le sirviera. Teníamos retiros cada 15 días y jornadas de discernimiento, llevábamos discernimiento con una religiosa o consagrada, yo tuve acompañamiento con una consagrada del Regnum Christi, la cual me ayudó a clarificar mi vocación y ver que el Señor me seguía llamando, la pregunta ahora era ¿cuál es el lugar que tienes preparado para mí? Casi al final del proceso, nos llevaron a las casas de las comunidades que acudían a apoyar en el proceso donde nos daban a conocer la espiritualidad y sus apostolados y convivíamos un poco con ellas, yo ya había acudido muchas a veces al convento de las Misioneras Clarisas ¿qué podría tener de nuevo ir allí? El día que tocó visitar su casa, al entrar en la capilla, sentí una gran alegría y paz, el ver a la Virgen de Guadalupe y la Beata Madre María Inés me llenaba de emoción, estaba en mi casa, ahí me di cuenta que la llamada del Señor seguía, era ahí donde me quería, no tenía que buscar más. En el 2017, al acabar el proceso se hace una carta donde ponemos la decisión que habíamos tomado, la mía decía Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento.

Fue el principio de todo, posteriormente comencé a llevar mi discernimiento ya directamente con la congregación e hice un año de aspirantado desde mi casa donde acudíamos a convivir al convento y nos daban formación cada sábado; como ya estaba a punto de terminar la carrera, era el momento de dar el paso. Les comenté a mis papás la decisión que había tomado, y con dolor pero con alegría aceptaron que su hija mayor ingresara al convento, había terminado la carrera universitaria, ya nada me detenía. En julio del 2018 fue la graduación y el 1 de septiembre ingresé al convento.

Apenas ha pasado un año y cinco meses pero para mí lo ha sido todo, estar en su presencia todos los días, pertenecerle por entero a Él, quien nos lo da todo, entregándole cada momento por manos de María por la salvación de las almas. Actualmente soy novicia de 1er año, en formación para el próximo año, si Dios quiere, realizar mi primer profesión religiosa. Aquí aprendemos a ser misioneras desde el lugar donde nos encontremos, estudiando, cocinando, limpiando, todo son monedas para el cielo si son ofrecidas por la salvación de las almas. Gracias Señor por tanto amor.
H. Sara Elisa Marroquín Rivera, Novicia
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